Posts in "Fotografía"

Una apuesta que suma a la sociedad: @RevistaRDVerde

Ayer en la noche por fin la inquieta e incansable Gibel Orsini logró materializar uno de sus más encarnizados deseos: RD Verde, la más completa revista de contenido ecológico y medioambiental de nuestro país, empezó su vida útil, que desde ya lo es inmensamente y que lo será más aún a medida que la conciencia ciudadana abrace una filosofía de respeto al entorno.

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Canon EOS Photochains

Veo con muy buenos ojos el lanzamiento que Canon Australia realizó el pasado mes, cuando develaron Canon Photochains, un servicio que podría resumirse pensando en el juego de “sigue la cadena” con enfoque de red social. La premisa es sencilla: Cualquier miembro de Photochains puede iniciar una cadena. Para ello, sube la primera fotografía y selecciona un elemento de la misma que se convierte en la inspiración de la siguiente persona, la cual subirá su fotografía enlazando el concepto motivador de la primera en la propia, y señalando a su vez el elemento que deberá cumplir la tercera fotografía.

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Gozando con lo ajeno: ¡Por fin, el Año Rojo!

No puedo negar que amo el béisbol, y aunque no pueda sentir emociones ni simpatías por otro conjunto, aprecio un buen partido de pelota aún sin conocer a los rivales (me encanta ver los partidos de la liga coreana, por ejemplo). Por esa razón, la Serie Final que terminó ayer noche, me llamó poderosamente la atención. Una serie tremendamente competitiva y reñida, donde seis de los nueve partidos se decidieron por una carrera, donde hubo dos blanqueadas, donde sólo hubo un partido que se decidió por más de tres anotaciones, donde hubo un extrainnings dramático, donde los abridores lanzaron primores… ¡Qué Serie Final tan excelsa!

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Aves de mi país

¡Detrás de los álbumes hay tanto qué aprender! Las postalitas se convertían en un nuevo papel moneda para nosotros, y los trueques más variados surgían cuando una viga costaba cinco burras, y sólo luego de que el dueño de la viga supiera que podía cambiarlas a otros amiguitos. Las peripecias que había que hacer para completar un álbum en esos tiempos sin email, Twitter y blogs, realmente eran asombrosas. Una vez puse a mi madre a zancajear una postalita de un bisonte que creo que fue en Alma Rosa que apareció. Ah, pero ella la buscó gustosa (después de mucho refunfuñar) porque le explicaba que había aprendido la diferencia entre un bisonte y un elefante.

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El Google dominicano

La “gringa” no era gringa pero sí era alta y muy delgada, secuestrada de alguna pasarela de poca monta, pero pasarela al fin. Su sanky-panky, tan negro que era morado, más que alto era fornido, y sus brazos mostraban ingeniosos tatuajes que costaba percibir dada su oscuridad epidérmica. Café con leche que se veía feliz mascullando español y alemán entre breves risas con olor a sexo salvaje. La brisa jugaba con el vuelo de su falda tan corta como la esperanza del pobre que les pidió “cinco pesos pa comel” (hace rato que la inflación mató la moneda de a peso).

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Self-Portrait

Estaba esperando a alguien en la avenida Ortega y Gasset, frente al edificio de Induca, que tiene su exterior hecho de cristal reflectivo como espejos. Al notar que mi espera se prolongaba más de lo pensado, saqué mi cámara y me puse a tomar fotos casuales. Entonces vi esta niña a través del reflejo (ella y su madre esperaban un autobús, la madre es la que sale también en la foto).

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Volando sueños

Luisito cree en soñar. Tiene siete años en sus huesos, aunque apenas tres en su estómago, pero aún así cree en los sueños. Él cree que en los años porvenir se convertirá en profesional, quizás un técnico en computadoras o un comediante. Cree en Dios, por supuesto, y conoce a Jesús. Él sabe que Jesús era tan pobre como él, o quizás más porque “Jesús no tenía televisión”.

Luego de los días feriados de la Semana Santa Católica, aún Luisito disfruta unas cortas vacaciones de su escuela. Está en primer grado pero aún no sabe leer o escribir. Pero él cree en sus sueños. Y por eso, cree en su chichigua. Y sabe que eventualmente la chichigua volará tan lejos como le permita su hilo. Construyó su chichigua con tres débiles pendones y una bolsa plástica de colmado. Utilizó otras fundas y un pedazo de tela para hacer la cola, y empató varios pedazos de hilo para hacer su cordel.

Y su chichigua vuela con más esperanza que viento, creando una metáfora de su corta vida y su futuro incierto.

Tomé esta fotografía en una calle de las Palmas de Herrera, en Santo Domingo.

Cuerdas de colores

Me asombré por el colorido. Me asombré por la sencillez. Me asombré al ver que el dependiente era un muchacho de unos 12 años. Me asombré de todo. Y de nada a la vez.

Somos un pueblo de color y formas, y aún así no nos damos cuenta de que con frecuencia hacemos un carnaval hasta con los utensilios diarios de ganarnos la vida.

Estas cuerdas cuelgan como jamones de nylon colorido mientras esperan el desenlace de su destino, que podría ser tan humilde como ser parte de la yunta de una carreta de naranjas, tan urgente como ser la esperanza de la que se sostenga un náufrago en un río, tan ingeniosa como ser un columpio de niño pobre, tan peligrosa como servir de remolque de un auto a otro. ¿Quién sabe? En realidad jamás podemos imaginarnos el destino de nada, pues ni aún el nuestro propio y personal, amague asiduo de nuestros esfuerzos, venerable liebre escurridiza, aún nuestro destino nos es incierto.

Pero mientras tanto, ellas cuelgan allí, mientras el niño-empresario hace alguna cuenta o revisa el cuaderno del fiao y a sus espaldas quedan como Cristos clavados en la pared, un ejército de jierros que tampoco saben cuál será su destino final.

Pero por un segundo, todos se conjugaron para ser una cosa en común: Mi fotografía.

Ramón


De seguro que esta NO es la mejor fotografía que he tomado, pero tiene su historia.

El hombre en la silla de ruedas se llama Ramón. Perdió su pierna izquierda debido al avance de su diabetes hace algunos años. Me dijeron que tiene casi 75 años. Es muy pobre y vive en una casita del lado marginal de La Agustina (en la Lope de Vega casi esquina Pedro Livio Cedeño). A su silla de ruedas le falta la goma izquierda y la usa rodando en el aro. Sin embargo, a pesar de su condición, este hombre saca tiempo para darle una vuelta a su manzana dos o tres veces a la semana tan solo para hacer algo de ejercicio.

Lo vi pasar y manejé hasta colocarme frente a él para tomarle la foto, la cual realicé en el modo automático de la cámara (y como estaba nublado, el cielo salió totalmente blanco, lo cual corregí con la ayuda de Pedro Genaro que me dio un tip de Photoshop que no conocía por ñame). No tuve tiempo para un segundo disparo porque Ramón estaba en la bajadita y llegó rodando rápido. Cuando pasó por mi lado me dijo brevemente “ten cuidado por aquí, muchos ladrones”. Y desapareció en la siguiente esquina. Los que estaban cerca de mí en ese momento me contaron sobre su condición y su rutina.