Estoy seguro de que podrías mencionar fácilmente varios casos de menores de edad asesinados o malogrados por adultos que actuaron criminalmente sobre ellos. Desde José Rafael Llenas Aybar hace 24 lejanos años, hasta Liz María el pasado mes, sé que han habido decenas de Emelys, Carlas Massiel, y muchas otras terribles historias que nos han sacudido.

Es cruel, es hasta desagradable decirlo, pero a veces pienso que cada nuevo crimen perpetrado contra un menor de edad nos endurece más, nos desapega más del drama que lacera una familia (a veces varias). Como si ya estuviéramos acostumbrados a los grotescos titulares que narran una nueva barbaridad.

Sobre los malnacidos que han cegado vidas de menores de edad, quisiera que cayera algo más duro que la corta y tardía justicia humana. Lastimosamente, no está en mis manos que eso suceda (quizás debería decir “afortunadamente”, no?). Gente como Marlon Martínez, el Chamán Chakra y El Panadero (el más reciente “notable” de esa maldita lista) no recibirían ni un atisbo de misericordia de mi parte si me dieran las llaves de sus celdas. A veces me alegro de solo ser informático.

Estoy consciente de que somos un país lleno de carencias (vaya paradoja lingüística), en donde por necesidad y por tradición, muchos menores viven expuestos a peligros que sus tutores no sospechan, por incapacidad de sospechar, por la ceguera de la confianza, o simplemente porque aceptan los riesgos de las cosas.

Pero no piensen que este drama se circunscribe a familias de escasos recursos. También nosotros que somos de la “inmensa e indefinida” clase media, tenemos circunstancias en las que entregamos los niños, aunque quizás con un aura de mayor “formalidad”. Colegios privados, salas de tarea, clases particulares, hobbies, etc. En cada una de estas esferas confiamos en alguien para que acompañe a nuestros muchachos. Esta limonada no pretende mirar clases sociales, pues solo mira a los padres y las madres como responsables de proveer un entorno seguro a sus hijos. Si bien es cierto que la mayoría de los crímenes perpetrados contra menores tienen como víctimas a familias de estratos sociales humildes, todos están en el mismo riesgo.

¿Qué de los padres?

Foto: Kat Jayne

No soy abogado, pero sé que en casos criminales como los que mencionaba arriba, los padres, madres y tutores de niños malogrados no sufren condena legal. ¿Qué más condena que tener un hijo o hija bajo tierra? La excepción, obviamente, sería solo cuando el criminal es un padre o madre o tutor, como los casos de Donni Santana y Pablo Ross, dos lacras humanas que tampoco merecen ni el escupitajo que deberíamos darles.

No obstante, creo que ya viene siendo hora de que cuestionemos a padres y madres sobre esta cuestión. Y no hablo de cuestionar luego de un crimen (eso le toca a la justicia), sino cuestionarte a ti, cuestionarme a mí, cuestionar a los cientos de miles de padres y madres que tenemos nuestros hijos con nosotros.

¿Estamos realmente seguros de que nuestros hijos están seguros? Creo que muchas desgracias podrían evitarse si como tutores fuéramos más cuidadosos, mucho menos confianzudos, y nos aseguráramos con frecuencia de que nada malo está pasando con ellos. Ojalá que ningún padre que haya perdido un hijo o hija a manos de un criminal lea esto, pero apostaría que ellos se han preguntado mil veces qué debieron hacer para evitar el desenlace que les privó de sus retoños. Tras pasar por el infierno de perder un hijo a causa de un crimen, habrán considerado medidas para evitar otro infierno. ¿No es hora de que todos nos preguntemos lo mismo, de manera preventiva?

¿Cómo reducir el riesgo?

Hay decenas de buenos artículos en Internet sobre consejos para aumentar la seguridad de tus hijos. No está de más que leas al respecto, no porque ignores nada de eso, sino porque te expone a hacer una lista de tareas y darle seguimiento a cada hijo. Otro consejo ideal, consulta con psicólogos para que te orienten. Solemos ser MUY torpes con estos temas, así que lee y asesórate bien. Tómalo en serio.

Dentro de la lista de consejos, creo que mis favoritos son estos, que a la vez son bastante simples: Desconfía mucho y escucha mucho.

La estadística es triste, pero es necesario que se recuerde que la mayoría de los casos de abuso sexual contra menores es realizado por personas de confianza del niño. Muchas veces familiares. Uno no puede vivir en la zozobra de estar “chivo” con todo el mundo todo el tiempo, pero debes evaluar con quiénes dejas tus hijos con el mismo recelo con que evaluarías a alguien para que te cuide un millón de dólares.

Está atento a todo, pregunta mucho pero a la vez está dispuesto a escuchar… y a ver señales reveladoras. Los niños, especialmente los menores, pueden ser fácilmente sugestionados o sentir vergüenza de hablar sobre cosas que le parecen indelicadas, por miedo a represalias o a que no le crean. Por eso, es crucial que cuando notes algo, preguntes. Cuando te cuenten algo, escuches.

Campaña desde el gobierno

Esta limonada empezó con un mensaje que envié en un grupo en donde planteaba la sugerencia del titular. Es hora de que desde el gobierno se le hable a padres y madres. Es hora de decirles que no es buena idea dejar tus niños solos con un vecino a cada rato. Una campaña nacional de prevención del abuso infantil. No sé si recuerdan que hace unos años se hizo una campaña súper cruda de accidentes captados por cámara en decenas de esquinas. La campaña era para crear conciencia sobre los peligros al volante, pero a la vez mostraba la crudeza de cada accidente. Creo que no se puede usar estos casos como apoyo gráfico, pero sí en texto.

Nada traerá de vuelta a Liz María ni a las demás víctimas, pero si educamos a la gente a que sea más intencional cuidando sus menores, evitando que se expongan a peligros, realmente estaremos cambiando para bien.

6 Comments Es hora de hablarle a padres y madres

  1. Berenice

    Estoy de acuerdo con la necesidad de una campaña directamente orientada a progenitores y tutores. Aunque en muchos de estos casos se manifiesta un mal social de fondo que va más allá de una campaña, por buena que sea. Pienso que parte de la información que transmita la campaña debería ser enseñarnos a identificar señales de un posible abusador, pedófilo, etc. No es tan fácil, porque es como el sida, no se ve en la cara y como los estafadores, tienen, muchas veces, el encanto y don de gentes que nos hace bajar la guardia. Otra información útil es cómo enseñar a nuestros hijos a cuidarse, de acuerdo a su edad. La comunicación en estos casos es vital. Rara vez un pedófilo o abusador de menores llega de la nada y comete su hecho. Es un trabajo de confianza, por decirlo de alguna manera. Conversaciones en los colegios también deberían ser parte de la campaña. Saludos. Necesario tema.

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    1. @dariomartinezb

      Muy correcto, Bere. Yo en cierta forma he visto esfuerzos comunicacionales que buscan educar a los menores para detectar y alertar sobre peligros y conductas impropias, pero eso nunca va a estar de más. Mi énfasis en esta ocasión es que hay muchos casos en los que los padres y las madres, por cualquier razón que sea, exponen a sus hijos a ambientes que terminan siendo fatales. O sea, caso Emely Peguero, caso la chica del ácido del diablo, y miles más, los padres de ellas permitieron que sus hijas estuvieran con personas inadecuadas (el caso reciente es espeluznante, desde los 13 años!). Esa joven no podía “denunciar” nada porque dime, sus padres lo permitieron… 🙁

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  2. Yuri

    Tema sumamente sensible este. Al igual que lo es para un servidor el de los feminicidios y maltrato a la mujer.
    A mí realmente no me endurece cada noticia que sale sobre estos dos temas que te menciono. A mí me provoca cada vez frustración.
    Con el caso de la niña Liz he dicho que los padres deben ser penalmente castigados con estos descuidos criminales. No podría culpar a un padre/madre que pierda su hijo durante un asalto a su casa o que el hijo(a) sea abusado por el mago de la simulación. Por el depredador que logra el disfraz perfecto. Pero aún así siempre debe haber respuestas satisfactorias a interrogantes válidas. Interrogantes que cuestionarían puntos mencionados por tí: Tuve cuidado y empeño en comunicar a mi vástago medidas de precaución? le dí la confianza y promocioné su comunicación conmigo? Le restringí o minimicé situaciones de riesgo para él?
    Cuando nuestras hijas eran pequeñas, mi esposa y yo les reforzábamos una creencia. Les decíamos que éramos invencibles, que nadie nos podía matar, al estilo superhéroes. Esto parecerá infantil, pero era nuestra forma de reforzar su confianza de que podían decirnos cualquier cosa de cualquiera sin que ellas tuvieran el temor de a nosotros nos pasaría nada malo si lo hacían. También, éramos super celosos de la seguridad, sin miedo de ofender a nadie.
    Y… por otro lado, con el caso de tres niñitos (un bebé entre ellos) que rescataron porque su madre los dejaba solos, pienso que no debería dejarse al gusto de la gente los hijos que pueda tener. Los “derechos humanos” deben tener en consideración al que nace y ya está condenado a pasar hambre y penurias, sólo porque un par de “gustosos” no piensa que sin poder mantener uno, cuatro es un exceso.
    Y dirán que educación, que miseria y falta de oportunidades, etc. Bueno, mientras llega la educación y la oportunidad, fomentemos, como sea, el control de natalidad. Que no he visto el primer muchacho nacer con un pan bajo el brazo. No sé si verdaderamente era así.
    Que estés bien.

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    1. @dariomartinezb

      Hola Yuri, gracias por tu visita, lectoría y comentario. Simpatizo mucho con tus ideas de controlar forzadamente la natalidad, pero eso es imposible por diversas razones materiales, y por muchas más que son ideológicas. Yo no entiendo por qué tantas personas de escasos recursos, hasta con el conocimiento y la educación necesaria para saber que deben pensar en controlar su natalidad, igual paren muchos hijos. No es mi realidad, así que entenderlo me exige un nivel de empatía que no consigo alcanzar. Sé que hay decenas de factores que inciden, pero creo que es también oportuno que se hable de eso, de control de natalidad. También está el tema de que… la tasa de natalidad la puedes intentar controlar en español, pero si no la controlas en patois, en el fondo no estás haciendo nada, pues la tasa de natalidad entre mujeres de ascendencia haitiana es mucho mayor aún que la dominicana, y tú sabes que ese es oooootro tema álgido… Es un lío complejo, sí. Pero en fin, da para mucho debate.

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  3. Claudia Lara

    Dario, Excelente tema! Estoy de acuerdo en que se necesita una campaña educativa y desde mi punto de vista, sobretodo de concientización. Hacer conscientes a los progenitores sobre el compromiso de traer un niñ@ al mundo y todo lo que implica esa responsabilidad, en el maravilloso rol de ser padres. Si se entendiera esto seria en alguna manera diferente, porque aun los que entendemos el cargo que nos ocupa como tutores o guias, somos seres humanos imperfectos y fallamos aun asi no lo deseemos. Es un reto de cada dia.
    Excelente tu consejo: Desconfía mucho y escucha mucho.

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    1. @dariomartinezb

      Hola Claudia! Gracias por la visita, cuánto tiempo sin saber de ti 🙂 Ojalá que en poco tiempo esta idea coja fuerza y llegue a las autoridades. Hay mucho qué educar a los padres. Y realmente, es un tema social muy complejo —muchas familias tienen hijos “para que trabajen y nos mantengan” como si fuera por magia, y muchas familias (o madres, y en menor medida padres, solteros) simplemente tienen hijos por no saber nada de planificación familiar ni métodos anticonceptivos… pero una vez el bebé nace, hay una responsabilidad inmensa que debe asumirse, para proteger y educar esa criatura. Soy de los que piensan que toda educación es ganancia.

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