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Cuando compartir puede costarte caro

Cada día que amanece es una oportunidad para que alguien meta la pata. En ocasiones de forma inocente o por desconocimiento, pero en otras por una flagrante falta de juicio y sentido común. Eventos recientes llamaron mi atención y emití algunas opiniones en Twitter (que es donde más brego). Un debate surgió y ello me anima a intentar salpicar un poco de “juicio”, soñando a ser como Nusret Gökçe, aunque no creo que tenga yo tanta gracia, ni ustedes tanta suerte.

Nusret Gökçe, chef turco conocido como Salt Bae

Admito que usé la foto de Salt Bae para llamar tu atención.

El evento

Si vives en Santo Domingo, seguramente recuerdas que la madrugada del pasado martes fue bastante “electrizante”. El breve Huracán Beryl llegó a nuestros lares degradado hasta la categoría de “tollo atmosférico” pero que básicamente trajo agua a raudales y una divertida tormenta eléctrica. Bastó amanecer para empezar a ver las consecuencias del fenómeno. Hondos charcos, parqueos anegados, calles convertidas en ríos y todo lo demás.

20 años atrás, ese mismo evento no habría pasado de ser un comentario de ascensor entre los pocos que estuvieran en él, pero en la época que vivimos, cualquier individuo con móvil y un “paquetico” de data o un acceso wifi consigue amplificar lo que sea con sobrada facilidad. Con frecuencia tales cosas no rebasan un puñado de personas, pero de vez en cuando algo adquiere la escurridiza y mágica etiqueta de “viral”. Y tal como cuando un virus se riega en la vida real, las consecuencias de una imagen o vídeo viral pueden ser impredecibles.

El video que más se compartió, que más se comentó y sin dudas, el que más reacciones provocó, fue el grabado en la sucursal Tiradentes del Banreservas. Con el suelo visiblemente anegado, un grupo de empleados de la entidad trabaja afanosamente y de muy buena gana, buscando reducir el impacto del agua. La persona que graba la pieza, también de buen humor, describe las labores e identifica la ubicación y a algunos de sus compañeros.

El vídeo tiene todas las características de ser un momento anecdótico, una saludable e inocente chercha entre compañeros de trabajos ante un incidente inesperado. No se percibe ni un ápice de “mala fe” ni de intención malsana por perjudicar a la empresa o a los empleados.

Según se dijo, el video en cuestión fue subido a un grupo privado y cerrado en la popular aplicación de mensajería instantánea que hasta tu abuela conoce como Whatsapp. Quien lo compartió inicialmente lo hizo con la misma candidez con la que todos nosotros alguna vez enviamos un vídeo de nuestros hijos haciendo una mueca o una presentación artística, o un momento jocoso a nuestro grupo de “la familia” o “el corillo sano” donde estamos.

Pero lo que se pensó que sería un momento de risas, de repente siguió el rumbo de los muchachos que se descontrolan…

Mi reacción

Al igual que cualquiera de ustedes, ocupé una buena parte de la mañana a asombrarme con las imágenes y los vídeos que rodaron desde temprano. Que si la Plaza Orleans, que si tal hospital recién remodelado, que si el parqueo de tal residencial, que si la Luperón o la Lincoln con Gustavo… todo hasta que vi el vídeo de Banreservas.

Inicialmente me causó bastante gracia (especialmente cuando el pana dice que el “Pompin” está brincando el charco). Pero luego algo llamó mi atención. ¿Oficina Tiradentes? Pensé que era Edesur, pero conozco esa oficina y no se parecía. ¿Un banco? Los colores delataron la sospecha… ¿hay un Banreservas en la Tiradentes? Y sí, en la vetusta Plaza Naco, cerca de la calle Presidente González. Casi de inmediato otras personas confirmaron la ubicación. Y ahí empecé a “ponerme chivo”.

  • ¿A quién se le ocurre grabar lo que pasa en el interior de una institución financiera? Todos sabemos que cualquier persona que se ponga a grabar dentro de una oficina bancaria será sacado de muy mala manera. Algunos bancos (incluido el Banreservas) ni siquiera te permiten tomar o hacer llamadas mientras estés en su interior. Por razones de seguridad, hace más de 10 años eso está totalmente prohibido para todos los clientes. ¿Pero no para los empleados?
  • Grabar una inundación dentro de una entidad que maneja dinero, que se basa en la confianza de los clientes, es abrumadoramente innecesario y peligroso. ¿Qué pasa por la mente de un cliente que ve su sucursal enchumbada de agua?
  • Aún si hubiera sido para que “quede constancia” de lo que hicieron como equipo laboral, la iniciativa no era brillante. Para algo hay montones de cámaras de seguridad en cada esquina de cualquier empresa.
  • ¿Qué aporta el vídeo? Lo único que veo es revelar la incuestionable armonía de equipo y la disposición a solucionar un problema imprevisto… pero hasta eso me pareció un riesgo.
  • ¿Descalzos, andando en charcos de agua, con la electricidad funcionando…? ¿Ya no dicen en las escuelas que cualquiera recibe un corrientazo así de fácil?

Cerca del mediodía alguien dijo que “habían cancelado” a los responsables del vídeo. Al considerar mis acápites (especialmente los dos primeros) tal escenario me pareció bien merecido y apropiado. Desconozco las políticas internas de Banreservas pero conozco “manuales de conducta” para empleados en donde el incidente del Banreservas sería castigado por más de una razón.

Sin confirmar la información (error de mi parte, aunque creo que tangencial), publiqué este tuit que ha sido el que más me han comentado esta semana.

Como podrán imaginarse, el debate se encendió casi de inmediato. La mayoría a favor de que los responsables merecían tal castigo, pero varias personas en contra diciendo que era excesivo, que “eso no es nada” y hasta adornándome de varios piropos por “abusador”.

La explicación

Admito que mi tuit hubiera quedado mejor si me hubiera detenido a confirmar la cancelación (aunque no tengo manera de hacerlo). Para esas cosas me nutro (al igual que todos) del rumor y el comentario silvestre. Hubo quien aseguró saber que luego de la viralización del vídeo los empleados estaban preocupados y asustados por las consecuencias que podría tener el mismo. Yo lo habría estado.

Pero a pesar de que puedo haber pecado de ligero dando espacio a una información sin confirmar, me gustaría recalcar que el énfasis de mi tuit (y los que siguieron) no es la cancelación o no de los responsables… sino el peligro que se corre cuando compartimos cosas sin calcular las consecuencias.

Digo, estoy suponiendo que estamos todos de acuerdo en que no es una gracia exponer al público tu lugar de trabajo en condiciones de crisis. Que ese afán de ser “periodistas” necesita estar domado por el sentido común, por un sentido de utilidad. Que ese instinto de dar “la primicia” o ser “el primero que lo dijo” esconde peligros, especialmente cuando se saca una pieza de su círculo de incidencia a uno de mayor tamaño y con menor o ningún contexto de las cosas.

Mi punto ha sido el mismo: Tenemos que cuidar lo que subimos a las redes sociales. Antes de subir cualquier cosa, debemos estar claros que todas las cosas que subimos a Internet dejan de pertenecernos y que nunca más las podremos controlar.

  • Un video erótico que le envías exclusivamente a tu pareja (¿y si terminas la relación y tu pareja “le da p’allá” a esa pieza? ¿y si le roban el móvil? ¿y si te equivocas de usuario?)
  • Una grabación de un accidente de tránsito (¿y si los accidentados son familia de uno de tus amigos? ¿y si los hijos de alguien muerto se enteran con tu vídeo?)
  • Las imágenes de tus hijos haciendo cualquier cosa graciosa (¿y si un enfermo sexual toma esas imágenes para hacer montajes perversos que se publican en sitios igualmente perversos? ¿y si años más tarde tus hijos, ya adultos, odian esas imágenes?)
  • Un vídeo de algún incidente como el que nos ocupa (¿y si se arma un problema de relaciones públicas por mostrar la precariedad de ese local, o de la plaza en sí?)

El peligro

Repito que aplaudo la actitud del personal de Banreservas. De haber estado en esa sucursal, probablemente yo también me habría remangado la camisa y los pantalones, pues lo que se ve en ese vídeo es meritorio. Es la definición videográfica del refrán “A mal tiempo, buena cara”. La persona que puso en peligro al personal y a la sucursal de Banreservas no fue quien grabó, ni tampoco quienes se ven cogiendo agua en los zafaciones. El gran culpable, el “enlace malo” de esa cadena fue la persona que sacó ese vídeo de su entorno inmediato. Si es cierto que se envió a un grupo interno y cerrado, la persona que lo sacó de ese grupo fue quien “la macó”. El “Judas” de Banreservas, el traidor de esa chercha, fue el que, quizás creyendo ser gracioso o buscando ganarse par de likes en Instagram hizo público el vídeo. Quizás nunca se sepa quién fue esa persona. Pero no importa.

Lo que tú debes considerar con cada cosa que subas a tus grupos privados en Whatsapp o en Telegram, es que quizás haya un Judas entre esos contactos. Quizás haya alguien que no sepa cuidar la privacidad de los que figuran en el vídeo y lo mande a otro grupo, y de ahí a otro, y otro… hasta que llegue a manos de Cavada o alguien peor.

El desenlace

A través de sus redes sociales, el Banreservas fue ágil en desmentir que se hubiera cancelado a nadie a raíz del vídeo.

Me gusta pensar que el debate que se armó contribuyó a darle visibilidad al caso y ayudó a que la cosa no pasara a mayores consecuencias para los involucrados. Sí, me gusta pensar eso.

La diferencia

Otras piezas del día también revelaron profundas precariedades de lugares de uso público. En especial, lo de la Plaza Orleans me pareció terrible. Conozco varias empresas en ese lugar que probablemente todavía están secando su mercancía con blowers. Sin embargo, en el caso de Plaza Orleans, los videos que rodaron tienen un interés más “fáctico”, aportan valor al dimensionar el alcance del evento atmosférico. Ofrecen detalles puntuales y no tienen intención de ser graciosos.

Lo mismo en el caso del Hospital Moscoso Puello, donde varios cortos muestran pasillos mojados, goteras incesantes siendo atrapadas en zafacones y personas suapeando el agua con rapidez. La persona que hace los vídeos del Moscoso Puello indefectiblemente los hace a modo de denuncia y alarma ante instalaciones de reciente remodelación. El valor informativo y noticioso es indiscutible. Se diferencia bastante del caso Banreservas en el tono y en la utilidad. El gobierno deberá responder por el Moscoso Puello, pero lo de Banreservas no pasará de lo que ha sido.

La moraleja final

Cuida lo que subes, cuida lo que compartes, siempre piensa que lo que envías a pocas personas podría terminar siendo un meme o una invitación al bullying para ti o para gente muy cercana a ti. ¿Vale realmente la pena actuar con tal ligereza?