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¿Cuanto vale un líder?

Hace cinco años escribí una limonada que llamé El precio de nuestra democracia, en donde intentaba determinar el costo que tienen los legisladores de nuestro Congreso. Hoy leí el artículo de Andrés L. Mateo que se titula igual que esta entrada. Leyendo a Mateo no puedo menos que convencerme de que “sale muy caro, carísimo” el liderazgo político que tenemos el lujo de pagar.

No acostumbro a publicar textos que no sean de mi autoría, pero como no hay regla sin excepción, me tomo la licencia de reproducir el referido artículo de Andrés L. Mateo publicado ayer en Hoy. Les ruego que lo lean. En serio, les pido por favor que tomen unos minutos y reflexionen sobre lo que señala este artículo.

¿Valen la pena?


¿Cuánto vale un líder?

Nuestros “líderes” se han abandonado al disfrute del lujo

ANDRÉS L. MATEO

Joaquín Balaguer se murió creyendo que él ganaba tres mil pesos, y salvo su desmedida pasión por el poder, todo en él fue frugal. Juan Bosch tenía fama de tacaño, pero con los cuartos del pueblo era intransigente. Abría un monedero de plástico color rojo, de esos que le decían “totico”, y otorgaba una ayuda de su propio peculio.

Nunca nadie le vio más de cincuenta pesos en el “totico”, de manera que esas ayudas personales eran siempre modestas, como la muy célebre que le dio al escritor Ramón Lacay Polanco a la salida de la catedral de Santo Domingo, y que provocó la expresión ya famosa de “!Juan! ¿cinco pesos? ¡Barbarazo, Juan, barbarazo! José Francisco Peña Gómez era un ventarrón, siempre andaba de prisa y nunca tenía un centavo en los bolsillos. Para salir de apuros, si alguien le pedía dinero para pagar una receta, miraba a su alrededor y le daba un sablazo al que estuviera más cerca. Luego se iba como un bólido, moviendo los brazos con su estilo único, hablando en voz alta y sonriendo con la mirada de niño inocente que siempre tuvo.

Ese fue un liderazgo histórico de costo muy bajo. Más que en el dinero, se empinaban en la pasión por el poder (Balaguer), en la idea más pura del bien común (Bosch), o en el sudario del redentor que mira su propia vida con un propósito liberador de las multitudes (Peña Gómez). Ninguno dejó fortuna, ninguno legó una riqueza material obscena. Ninguno fue proclive al dinero.

¿Pero cuánto vale un “líder” hoy? ¿Qué costo social tienen esos turpenes que hacen rebotar del presupuesto la pelota de su egoísmo? ¿Por cuánto nos salen “El querido”, “Putico” y el “Chato”? ¿Se puede medir en valores lo que nos cuestan Andrés Vanderhorst, González Espinosa, Wessin Chávez, Peña Guaba y otros “emergentes” que le dan bien duro con un palo a la piñata del Estado? ¿Euclides Gutiérrez Féliz, con todo y sus palacios campestres, no nos cuesta “los millones de chanflán”? ¿A cuánto asciende el costo de Reynaldo Pared Pérez, “el ejemplar”; con su residencia veraniega en “Los mogotes” y su barrilito? ¿Y Lila Alburquerque, la que “no coge corte”, cuánto nos cuesta? ¿Puede un Estado pobre cargar con la voracidad de Rodríguez Pimentel o Matos Berrido? ¿Acaso Bengoa no devenga un salario que equivale a la asignación de un hospital regional? ¿Y N. G Cortiñas no es uno y trino, porque cobra en varios Consejos de Directores, y gana una verdadera fortuna? ¿Quién arrima el hombro para saber el valor que la sociedad tiene que invertir para mantener un “líder” de la estatura de Carlos Morales Troncoso? (más manteca da un ladrillo).

La reingeniería de la política dominicana debería cuestionarse cuánto nos cuestan los “líderes” que nos gobiernan, incluyendo a los de la oposición; porque a estas alturas todos tenemos derecho a preguntarnos si en realidad los políticos son verdaderamente necesarios, y si sirven para algo que no sea enriquecerse . Nuestros “líderes” han perdido la introspección, y se han abandonado al disfrute del lujo y la riqueza. ¿No fue el puro gestuario de la ostentación lo que lleva a una antigua humilde maestra a comprar dos carteras Vuitton en ciento noventa y cinco mil pesos? Hace apenas unos años bregaba en las aulas, discutía por secciones en la UASD, y ahora ofende la pobreza solemne de este país con la ostentación más burda y descarada.

Cuando Juan Bosch salió del gobierno, producto del golpe de Estado de 1963, dejó una cuenta bancaria de ciento cuatro pesos con cuatro centavos. El periodista Al Burt, del Miami Herald, publicó un artículo que tituló “El legado del honrado Juan”, apenas cinco días después del golpe. “Deja el cargo con las manos tan limpias como vacías”, proclamaba Al Burt. Y se cuestionaba si “el legado del honrado Juan habrá abandonado el país junto con él”.

Y así fue. La locura del modelo de honradez que enarboló con su ejemplo, era como llevar el ideal al extremo y ser tragado por él. Los políticos más caros del mundo han olvidado al “honrado Juan”, quien es tan solo esa voz que los despierta sobresaltados, y que los hace ir al espejo a ver el rostro con que viven.

¡Oh, Dios!

Casi felices

El Happy Planet Index es un ejercicio interesante, aunque inmediatamente me ataca la suspicacia. Que mi país quede en segundo lugar entre casi 150 naciones, me parece algo bueno, aunque diría como Bakongo “Eso tiene cocorícamo”. Casi casi me da por pensar que la gente que creó el HPI le preguntó a Tulio Turpén cómo estaba la cosa en nuestro país…e da por pensar que la gente que creó el HPI le preguntó a Tulio Turpén cómo estaba la cosa en nuestro país…

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Personalidades

Mi “Broder” Rafael Vargas envió por mail a los BBSianos (y puso en su blog) una ilustración (click para ampliar en nueva ventana, 5.83MB) súper interesante, que retrata a decenas de personalidades y eventos de todos los tiempos en una especie de fresco de la humanidad. Me pareció genial la idea, pues reta nuestra memoria y nos pone a identificar a gente y lugares que no tienen ninguna relación entre sí, sino el haber dejado alguna huella (buena o mala) en la novela que llamamos “vida”.

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El ojo del huracán

¡Estamos en medio del huracán! Esta es la paz y la tranquilidad que ocurre cuando el remolino de vientos pasa sobre nosotros y nos da esa sensación de alivio… Carajo, ¿no podemos hacer que dure una semana este día? Esta paz, efímera como casi todas, apenas durará hasta mañana. El miércoles (y según los pronósticos desde mañana mismo después del mediodía) volveremos a la misma vaina. Variarán algunas cosas, pero volveremos a comer mierda política. A embadurnarnos de la porquería que estos pendejos nos acostumbraron.

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