La pamaternidad no es cosa de echar pulsos. Hace falta que ambos padres, estén juntos o divorciados, asuman su papel de padres con el objetivo de que los hijos e hijas se desarrollen en plenitud. Las batallas (psicológicas, económicas, privadas, públicas o legales) siempre tienen como primera y principal víctima a la criatura que trajimos al mundo.
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