Fui a orinai

Nací el jueves 23 de mayo de 1968, hace hoy 49 años. Sí, fui a orinai, y de cumpleaños te pido un regalo muy valioso (pero fácil de regalar).

Algunos de mis “23 de mayo”

El primer cumpleaños del que guardo alguna memoria fue mi cuarto, y lo que recuerdo es que mi madre estaba atendiendo un carajito nuevo que era mi hermano. En mis cinco años le di un beso a una prima mía y alguien hizo una foto de ese momento. A los siete años pensé que cuando cumpliera 10 ya sería un “niño grande” porque mi edad tendría dos dígitos. A los 12 años no quería cumplir 13 por aquello de la “mala suerte” pero en ese año creo que ni gripe me dio.

Por primera vez me sentí incómodo de ser el centro de atención cuando llegué a los 15 años. En 1986 cumplí 18 años y mi mayor frustración fue no poder votar en aquellas elecciones por escasos siete días. En ese cumpleaños mi madre oronda me dio un vaso de cerveza sin saber que hacía tiempo la había probado con mi tío Lope. Celebré mis 20 años casi sin querer en aquella heladería que quedaba en la Lope de Vega donde hoy está el Banco Santa Cruz (Gelato o Italianíssima, no recuerdo el nombre).

Mis 22 años me llegaron manejando el primer automóvil que compré con el fruto de mi trabajo, mi viejo Volky alemán fabricado en 1968, el mismo año de mi nacimiento (tiempo después, el azaroso de Arjona me dañaría el chiste). Recibí los 25 años en Las Terrenas, donde recuerdo que celebré muchos cumpleaños propios y ajenos, pero esa vez yo andaba solo.

Hace 20 años que celebré mi último cumpleaños soltero, pues en diciembre de 1997 me casaría por primera vez. Hace 16 fue mi último cumpleaños sin descendencia, pues en diciembre de 2001 nació mi primera princesa. En 2003, de nuevo en la “agencia libre”, vi llegar mis 35 años sumergido en un abismo financiero que me dejó la crisis económica de ese año. Pero si pensaba que ese año había tenido un cumpleaños chuipi, el año siguiente fue hasta la fecha mi natalicio más triste.

La primera vez que tuve una fiesta sorpresa fue a mis 38 años, maquinada por mi entonces novia y con la complicidad de una caterva de amigos que se vistieron de naranja y yo ni así me la llevé (en esa época muchos me conocían como “El Mamey” por mi nick en los foros de béisbol). Mis 39 los pasé acompañado de extraños en una loma de Jamao, pues en 2007 trabajé con International Student Volunteers como líder de proyecto.

Para mis 40 años, el color fue el verde limón y ese mismo día hace nueve años inauguré mi cuarto blog, el que ahora leen (así que mis 40 Limones también cumplen años hoy). En mis 44 años tuve otra sorpresa cuando mi madre y mi hija “me asaltaron” en mi oficina con una caterva de picaderas y un bizcocho, del cual seguramente Milca Peguero aún se acuerda. Para los 45 años de nuevo me contaba en el número de los casados con la que ahora me aguanta y los 46 llegaron con mi segunda princesa en brazos.

Y así, con alegrías más, y tristezas menos, llegamos a hoy. 49 años desde aquella noche en el “modernísimo” Centro Médico UCE en que empecé a fuñir la paciencia. Me gustaría pensar que aún no he llegado a la mitad de mi vida, pero no sé si tenga tanta suerte (o mi descendencia tanta mala suerte) de verme fuñendo el parto con más de 98 calendarios encima.

Si quieres felicitarme

Te la pongo bien fácil: Regálame un post de tu autoría, o un enlace de algún contenido que pienses que me puede gustar (fotos, vídeos, canciones, artículos…). Si te faltan ideas sobre mis temas favoritos, piensa en ciencia, astronomía, historia, redes sociales, curiosidades, matemáticas, ciencia de datos y cosas así. Pero si lo que te sale es compartirme la canción de Wellinton El Campeón, igual lo voy a apreciar (dizque).

Fui a orinai

Cuenta la leyenda que un cibaeño viajó por primera vez a Nueva York sin saber una palabra de inglés. Como todos, él tenía un primo en la gran urbe, cibaeño también, al que llamaban “el Mocho” y que trabajaba como dependiente en una tienda de electrodomésticos. Hasta allá fue el cibaeño a visitarle.

—Ei pipo, primo, pero Nuebayoi sí e’ lindo. ¡Cuánta vaina grandoooota! ¿Cómo le vade, primo?

—Bien pai tiempo, primo, aquí echando ei forro. –le contestó el casi-gringo con todo el acento “dei sitio” mientras acotejaba una nevera– Primo, mire, yo sé que ujté no epika inglé, pero vea, tengo que di de un pronto ai baño que me toy orinando. Hágame ei favoi, primo, no se ponga a hablai con naiden, que yo vengo ahora.

—Vaye primo, yo lo aguanto aquí. –le respondió el recién llegado.

Y así se fue el hombre apurado a la trastienda mientras el cibaeño con todos sus cadillos miraba tantas cosas en los pasillos. En seguida, un gringo entró y mirando un televisor LED de 50 pulgadas le preguntó al hombre:

—How much?

Y el infeliz entendió que preguntaba por su primo el Mocho, por lo que le respondió con la sinceridad que caracteriza al inocente:

—Forinai.

—Forty-nine? –replicó el gringo, entre incrédulo y fascinado.

—Sí, forinai, forinai.

El gringo gustoso le dio 49 dólares, cargó con su televisor y antes de que el cibaeño entendiera nada, otro cliente le preguntó por una computadora portátil de último modelo.

—How much?

—Forinai. –dijo el hombre contento de que su primo fuera tan famoso. El nuevo cliente también le dio 49 dólares y se llevó la flamante laptop. En eso, un latino se le acerca y le pregunta:

—A todos tú le dices “forty-nine”. ¿Tú estás seguro de eso? ¿Dónde ‘tá el Mocho?

Y el cibaeño encogiéndose de brazos de responde:

—Bueno, vea, pai tiempo que tiene que se fue a orinai, pa mí que también fue a c*gai, ve?

Lo que nos deja Delcy

A la hora que esta limonada ha sido publicada, en el día de ayer iniciaba un drama multifacético que tuvo como balance la muerte de una mujer que salió de su casa a trabajar sin saber que ya no regresaría. Delcy Miguelina Yapor es descrita con las mejores prendas morales que corresponden a una persona familiar, espiritual, servicial. Alguien que hacía que este mundo fuera mejor gracias a su existencia.

Aunque no conocí a Delcy, su muerte me duele de muchas maneras: por innecesaria, por evitable, por prevenible, por injusta, por inútil. Toda muerte duele a alguien, y me imagino que la noche que acaba de pasar ha sido horrible para su esposo, para sus hijos, para su familia, para su comunidad. La muerte es segura para todos, pero… ¿morir así? ¿morir mientras dos menores (que pudieran haber sido hijos nuestros) la acompañaban? ¿morir a causa de una bala disparada con otra intención? ¿morir porque alguien quiso vengar el atraco de una cartera? ¿morir mientras dos azarosos huían en vía contraria, quizás contentos de que el tiro no se les pegó a ellos? No, morir así no es una muerte que quepa en la cabeza de nadie.

Y a pesar de lo terriblemente triste del desenlace de la vida de Delcy, pienso que hay algunas enseñanzas en lo sucedido. De manera respetuosa ante el dolor de su familia, quisiera exponer lo que creo que nos deja Delcy con este abrumador hecho.

La vida es un ratito

Supuestamente lo sabemos, pero solemos vivir nuestras vidas de espaldas a esa realidad. Nos pensamos fuertes, sanos, casi eternos, sin darnos cuenta de que vivimos al borde de un precipicio. Ayer cuando Delcy encendió su vehículo, nadie pudo prever lo que pasaría momentos después. De ahí la importancia de vivir con la menor cantidad de “deudas emocionales”. Que no falte brindarle amor a los cercanos, ayudar a quien lo necesite, trabajar honestamente. Cualquier día puede ser nuestro último amanecer.

Estoy seguro de que Delcy no tuvo la muerte que deseaba ni la que nadie cercano a ella esperaba. Ni en forma ni en tiempo ni en circunstancias. Sin embargo, hace 24 horas que no está entre nosotros.

Heroísmo en la muerte

Estoy bastante seguro de que Delcy no tuvo mucho tiempo de reaccionar ante lo que sucedía, pero a pesar de todo, reaccionó correctamente. En los vídeos de la cámara de seguridad de un residencial cercano se percibe claramente cuando ella detiene el minibús, habiendo sido baleada. Quizás fue un acto reflejo de su parte, pero para mí eso fue su último acto heróico. Si mantenía el pie en el acelerador, o si perdía el control del vehículo, sin dudas el asunto pudo haber sido mucho peor.

Si aún no han visto el vídeo al que hago referencia, pueden consultarlo aquí.

La justicia no es justa

Cualquiera de nosotros seguramente afirmaría que Delcy murió a consecuencia de la delincuencia que nos arropa. Y tiene sentido pensar así, pues si los azarosos no hubieran sustraído la cartera a otra persona, ni se hubieran dado a la fuga, el exraso Franklin Padilla no habría disparado su arma.

Sin embargo, para el sistema judicial, las cosas no son así. No sé mucho de leyes, pero sé que si los atracadores de Evaristo Morales llegan a ser atrapados (y no los matan en un “intercambio de disparos”), a la hora de ser juzgados, la muerte de Delcy no formará parte de su expediente. Ellos no la mataron ni la atracaron. Probablemente ni siquiera se enteraron de que uno de los disparos la había alcanzado. Para el sistema judicial, ellos no tienen ninguna responsabilidad con esa muerte.

La persona que debe responder por la muerte de Delcy Yapor es Franklin Padilla Núñez, quien ya ha confesado que disparó su arma con intención de detener a los atracadores. Franklin Padilla, según lo poco que sé del Código Procesal Penal, podría ver cárcel por homicidio involuntario. Franklin Padilla, quien actuó con el interés de detener a dos asaltantes, quien intentó vengar un atraco menor, podría ser quien más sufra el peso de las leyes.

Si los atracadores son detenidos y juzgados, la pena máxima podría ser “una chambra” en comparación que el daño que desencadenó su “hazaña”.

Paremos la “eyaculación precoz” de desinformación

Me perdonan el término “sexual” en un tema muy serio, pero no encuentro nada más exacto. Desde que empezó a regarse la noticia del incidente en Evaristo Morales la cantidad de versiones que surgieron me aturdió. Se dijo que la señora discutió con “un motorista” porque ella le reclamó ir en contravía en la Francisco Prats Ramírez. Luego se dijo que la asaltaron y le dispararon. Más tarde, que le dispararon pero no fue que la asaltaron. Se dijo que su cuerpo había recibido tres disparos. Hubo gente que llegó a decir que la señora estaba embarazada. ¡Coño! ¿Esas son formas de ganar tráfico, likes, retuits y subir tu estúpido “Klout”? Maldita sea esa práctica.

Al final, la historia fue muy distinta, pero en las primeras horas, la cantidad de fábulas que se difundieron en las redes sociales, y de las que se hicieron eco algunos periodistas, fue dañina. La gente tiene que aprender que escuchar o leer cosas en las redes sociales no tiene absolutamente ninguna garantía de veracidad –ni siquiera cuando quien escribe es un reportero o periodista–. La razón es simple: Los hechos no se han asentado y hay mucha confusión. Por lo tanto, hay que tener mucho, extremo y especial cuidado cuando se va a difundir una información de un hecho confuso y no esclarecido.

Más aún, la cantidad de “expertos en balística”, “conducta delincuencial” y análisis de vídeos cuadro-por-cuadro que vi hoy es espeluznante. Todos en aire acondicionado y lejos del lugar de los hechos. ¡No jodan! Ese afán de “dar la primicia” y de lograr ser el primero que dijo tal cosa es una maldita traba a la verdadera información. Hacemos bien en verificar, volver a verificar y verificar las fuentes que verificamos. Se pierde más tiempo, pero se gana más credibilidad.

Déjenle los héroes a Marvel y DC Comics

Tampoco conozco a Franklin Padilla Núñez pero simpatizo mucho con él. Obviamente no por haber cegado la vida de Delcy, sino porque, aunque no conozco sus motivaciones, se adivinan fácilmente. Franklin, así como yo, está hastiado de la delincuencia. Harto de trabajar para que un maldito culo cagao se le ocurra apropiarse de lo ajeno. Le toca estar cerca de un atraco, ve huir a dos azarosos (asumo que fue testigo del delito) y tiene un arma a mano. No hay que ser genios para saber que el instinto actúa muy rápidamente. Yo no porto armas de fuego, pero si llegara a hacerlo y me viera en una situación como la que tuvo Franklin Padilla, apostaría que también halaría el gatillo.

Ser héroe no es algo que cualquiera de nosotros querría ser. El heroísmo implica riesgo y peligro, reflejos rápidos y mucho juicio. Se requiere mucho entrenamiento para manejar situaciones de alto peligro y saber actuar apropiadamente. Por eso, no dudo que la intención de Padilla haya sido aplaudible. Pero…

Todo por una cartera

Ninguna vida tiene precio, pero ayer la de Delcy Miguelina Yapor fue truncada por el “fantástico” valor de una cartera. No importa cuánto fuera el botín de los maleantes, estoy seguro de que nadie (ni los mismos atracadores, me atrevería a apostar) arriesgaría su vida por hacerse de una cartera de la que ni siquiera sabe su contenido.

Peor aún, el exraso Padilla, actuando probablemente bajo instinto y adrenalina, hizo uso del arma que portaba y realizó varios disparos. ¿Por una cartera? ¿Realmente vale la pena dispararle a asaltantes en movimiento para intentar recuperar una cartera?

También por una cartera, Kaisha Patricia Requena perdió la vida hace casi ocho años. Esto debería ser una alerta para nosotros también. Los atracadores salen a la calle dispuestos a delinquir, y están preparados para tomarse el riesgo de que los maten en ello. Tienen la ventaja de la preparación previa y del factor sorpresa, además que probablemente también anden armados. ¿Qué puede contener una cartera, un bulto o un vehículo que valga el riesgo de morir?

Ciudadanía armada

No les niego que me ha atraido siempre la ley del karma. Aquello de que “el que la hace, la paga” me parece no solo justo sino aplaudible. Pero me parece preocupante que la ciudadanía se empeñe en conseguir armas “para defenderse de la delincuencia”. Es cierto que las veces que me han robado he deseado que a los atracadores se los lleve una OMSA que se detenga en el Hipódromo, pero de ahí a que cada cual se busque “un jierro” para que lo libre de todo mal, se me antoja que es la antesala de muchos casos como el de Delcy.

El exraso Padilla fue militar, tuvo entrenamiento especializado para manipular armas de fuego, y sin embargo, ayer acabó con una vida, accidentalmente. ¿Qué garantías tenemos de que tú vas a saber usar una Glock para enfrentar a un delincuente? Peor aún, ¿qué seguridad tenemos de que ante cualquier pendejaíta, un choque de tu auto, un pleito jugando baloncesto, un cuerno que te peguen o una depresión que te de, no vas a sacar tu arma y usarla para hacer daño a alguien o a ti mismo? ¿Así se solucionará la delincuencia?

…¿O no será la manera más rápida de aumentar los crímenes?

“¡COÑO, BASTA YA!”

Sin embargo, nos sentimos indefensos ante la delincuencia. Profundamente desprotegidos. Y muertes como la de Delcy provoca un aluvión de descontento, desesperanza e impotencia que no es fácil de expresar o contener. Este ciudadano, que conocía a Delcy y a su esposo, lo dijo con bastante elocuencia.

¡Coño, Basta ya!

¡Coño, Basta ya!

Ciudad segura my ass

Es difícil no sonar “comemierda” con esto pero la muerte de Delcy y el atraco que la provocó no sucedieron en un “barrio caliente”, ni en un sector lleno de droga, delincuencia o prostitución. No, ello sucedió en Evaristo Morales, un sector tipificado comúnmente como clase media alta. Un sector patrullado continuamente. Un sector donde casi todos los edificios y negocios tienen vigilantes y cámaras de seguridad. Y aún así, allí fueron esos malditos a robar una pendeja cartera.

Para las autoridades, esto es “percepción”, pero para cualquiera que sepa dos cheles estadística y conozca la famosa campana de Gauss, sabe que cuando los casos extremos empiezan a “salirse de la normalidad”, la distribución deja de ser uniforme y hay motivos para revisar causales.

Una simple campana de Gauss

Una simple campana de Gauss

Es cierto que la mayoría de los crímenes suceden en “barrios calientes” (en la campana de ejemplo, el 68% de los casos), pero con todo y eso la cantidad de atracos en sectores “en lo claro” hace mucho tiempo que dejó de ser algo poco común para convertirse en “un asunto de diario” (los márgenes a ambos lados de la campana).

¿Hace falta un científico nuclear para entender que ello se debe a la ineficacia de las autoridades para mantener bajo control a los delincuentes? Y con “autoridades” me refiero a mucho más que solamente la Policía Nacional, ya que por mucho que ellos detengan malhechores (que no se caracterizan por ello, sin dudas) no me extrañaría que los pocos que detienen tengan un grupo de Whatsapp con los fiscales y alguaciles donde se anuncian “loco, me agarraron en Gascue, ve pidiéndome un frikitaki que voy para Ciudad Nueva en 10”. El Código Procesal Penal, y las autoridades encargadas de ejercerlo, solo le pasan la mano a los delincuentes y les dicen con tono condescendiente “men, pórtate bien, ombe, ¿quieres?”. Así no se va a avanzar.

Las otras Delcys

A nosotros, los clasemedia que tenemos Internet y redes sociales sin dudas Delcy nos suena cercana. De verdad que para mí es una persona que pudo estar en mi círculo de amigos, pero no lo era. Arriba mencioné la campana de Gauss y deliberadamente tipifiqué el caso de Delcy (y el de Kaisha Requena) como outliers que se hacen cada vez más frecuentes. Eso debería preocupar, pero no significa que los numerosos casos parecidos o hasta peores que suceden en esos “barrios calientes” (los que componen el grueso de la campana) no deban ser atendidos. De hecho, creo que la única manera de actuar correctamente contra la delincuencia es atacando el mal donde más está diseminado.

Como Delcy muchas otras personas pierden la vida en asaltos diariamente. No llegan a ser trending topic porque no son “de los nuestros” pero mierda… son vidas que también merecen ayuda, atención, protección y que las autoridades actúen de verdad. Con todo el respeto a la familia de Delcy, pero cuando una mujer es asesinada en Guajimía o La Ciénaga, también deja huérfanos y también le duele a alguien. Y en esos barrios esas cosas pasan por mucho menos que una cartera. Just Saying.

Y como si hiciera falta que mis palabras fueran confirmadas, menos de 24 horas después de la muerte de Delcy Yapor, otra mujer murió, fruto de un asalto por una cartera, en Villa Consuelo. ¿Cuántas Jaqueline de la Cruz más faltan para que realmente haya acción?

Esta Delcy

No conocí a Delcy Yapor, pero me duele su muerte como si hubiera sido una de mis amigas. Y conozco a muchas mujeres que podrían asemejarse a ella, muchas que pudieron haber muerto ayer en ese incidente. Mi madre, que con 75 años a cuestas aún se afana en cuidar a todos y estar pendiente de todos los detalles. Mi suegra, mujer de delicado trato y amor amplio y que, casualmente, vive a unos pasos de donde Delcy cayó abatida. Absolutamente todas mis tías, mis comadres, y prácticamente todas mis amigas, compañeras de trabajo o de estudios, mujeres que se fajan a levantar familia a pesar de todo, porque asumen la vida con esa entereza que no abunda tanto. Cualquiera de ellas pudo haber estado circulando en la Francisco Prats Ramírez a las 7 de la mañana y encontrar pendejamente su muerte.

Los familiares y amigos de esta mujer, protagonista inconsulta de una tragedia de muchas aristas, harían bien en mantener su memoria presente en sus vidas. Yo, desde mi distancia, lloro con ustedes la muerte y aplaudo la vida de Delcy Miguelina Yapor.

Al mediodía del martes, la familia de Delcy Yapor dio una de las más hondas muestras de coraje, benevolencia y perdón, al extender un abrazo a la familia del hombre que accidentalmente mató a la señora. “Ellos también sufren” dijeron y yo no encuentro manera de sentir más admiración por su acto. Llamaron a la reflexión a todo el país, y aunque eso es correcto (es parte de lo que motiva mi limonada), creo que el llamado debió ser firme con exigir a las autoridades que deben la condescendencia con la delincuencia.

Mi aprecio a esa familia.

La luz que @madamesaga arroja sobre el #AcuerdoPGR

Odebrecht, la tristemente famosa constructora brasileña que se asemeja a un cáncer haciendo metástasis en los gobiernos de América Latina, aparentemente está “saliendo en coche” en nuestro singular país. Para la mayoría de los ciudadanos, las investigaciones sobre el caso que lleva la Procuraduría General de la República avanzan con una modorra que alienta más de una sospecha.

Sede de Odebrecht

Sede de Odebrecht

El pasado viernes supimos que el acuerdo al que llegó la Procuraduría con Odebrecht es “totalmente confidencial”, una frase que de inmediato me sonó a gato entre macuto. Como yo de leyes entiendo tan poca cosa, se me ocurrió preguntarle en Twitter a Laura Acosta, destacada abogada que en más de una ocasión ha sido pieza importante en el esclarecimiento de causas que lesionan al país.

La respuesta de la autodenominada “cigua” llegó al otro día, con más de 40 tuits en donde ella expresa sus opiniones sobre el #AcuerdoPGR con #Odebrecht. Una de las mejores virtudes de Laura es que es capaz de desmenuzar las tripas legales con las que cualquier lechuguino consigue marearnos y derrotarnos por cansancio. Los tuits de la Acosta, cuando menos, son legibles para casi cualquier mortal, incluido yo.

En resumen, lo que entendí de los tuits de Laura es que:

  1. El acuerdo entre la Procuraduría y Odebrecht no debe ser “totalmente confidencial”, al menos no en el largo plazo. Al tratarse de un caso que afecta nuestro patrimonio, el país merece estar informado, así sea en parte, de lo que ha pasado. Acosta aclara que no se puede entorpecer el proceso investigativo al revelar datos.
  2. A Laura Acosta le preocupa la terminología que se ha manejado con la cifra de 184 millones de dólares, así como el énfasis de llamar “adelanto” al primer desembolso hecho por la constructora.
  3. Cita que el Código Procesal Penal (CPP) establece que una cosa es la MULTA por determinar el delito de soborno (que es el duplo de la cantidad involucrada en el soborno —de ahí que sean 184 millones de dólares, el doble de los 92 que alegadamente se pagaron en sobornos).
  4. Entiende Acosta que en paralelo al pago de la multa, la empresa sobornante debe quedar impedida de operar nuevos contratos de construcción en el país, pero continuar la ejecución de las que estén en curso pues detenerlas también afecta el interés popular.
  5. Más aún, el criterio profesional de Laura le indica que la firma sobornante no puede limitarse a pagar la multa, sino además devolver los montos sobrevaluados. De otra forma, con muchísima facilidad, la firma sobornante podría pagar “muerta de risa” el monto de la multa con el dinero obtenido por sobrevaluaciones.
  6. Finalmente, que los ejecutivos y empleados de la empresa necesitan ser sometidos y procesados por la justicia, no quedar ocultos detrás de una cortina de humo.

Los que entienden de leyes seguramente podrían sacarle más punta a ese lápiz, pero creo que lo importante acá es dejar constancia de que las cosas son más complicadas e involucran más acciones, resarcimientos y sometimientos que lo que hasta ahora nos han brindado. Por eso, es necesario seguir exigiendo más acción, y menos morisquetas.

Los tuits de Laura Acosta

A continuación los tuits íntegros de Laura Acosta sobre el Acuerdo PGR + Odebrech. Saque usted sus propias conclusiones.

¿Por qué no conviene que “hayan ido” 126 mil a #RDMarcha?

La actividad efectuada el pasado domingo, #RDMarcha, tiene muchas lecturas, y creo que todas son positivas. Tanto es así que hasta funcionarios encumbrados del gobierno como José Ramón Peralta, Gustavo MontalvoMargarita Cedeño han expresado simpatía en los reclamos de la marcha (que sean creíbles y sinceros es otro tema, ¿no?).

Cuestionar el éxito de #RDMarcha es un ejercicio innecesario. Fue exitosa y no cabe dudas de ello; aunque desconozco si fue tanto más o tanto menos que lo que esperaban sus promotores. Quizás es por eso que ha surgido un afán por medir la marcha, por cuantificarla, por determinar su tamaño, exacto o aproximado. Buscamos un número, una cifra que nos permita asignarle un lugar en algún escalafón, un top-10 de “marchas multitudinarias de la historia reciente”.

Y esto me parece peligroso.

Foto de Diario Libre sobre #RDMarcha

Si ni los organizadores ni el gobierno han ofrecido una cifra creíble y demostrable sobre el tamaño de la marcha, todo lo que estamos haciendo es especular. Y como especulando somos tan buenos, a la marcha fueron entre 10 mil y 126 mil personas. Un mínimo y un máximo que dan fe de lo tozudos que estamos siendo con una nimiedad.

Quede claro: Intentar cuantificar el tamaño de una multitud es un ejercicio retador y cualquiera que se precie de investigador de mercado se aplicaría a ello con interés. Sin embargo, el problema con #RDMarcha es que las fotos y vídeos existentes arrojan estimados demasiado disímiles. Pero sobre todo, llegar a una cifra no le va a añadir ni a restar un ápice de impacto a lo que ya se ha logrado.

¿Debió medirse el tamaño de #RDMarcha? Creo que sí. Estoy seguro de que los organizadores del evento no trabajaban para exhibir un número y llenarse la boca con ello, pero era buena idea tomar esa precaución. Aunque fuera solo para fines de logística, convenía saber cuántas personas apoyaron la iniciativa.

¿Debe intentarse medir “a mano pelá” el tamaño de #RDMarcha luego de que pasó? Creo que no. ¿Por qué? Pues porque no existe una manera realista o científica de hacer un calculo post-mortem que sea satisfactorio.

—¡Pero si hay montones de selfies, fotos y vídeos de la gente!
—Sí, pero no sirven para esto.
—¿Anjá, y los drones?

—Tampoco. A pesar de que hubo varios drones capturando muchos aspectos de la marcha desde el aire, no parece haber un conjunto de fotos hecho específicamente para determinar el tamaño de la multitud.
—¿Y si juntamos todas las fotos?
—No, no se puede porque para este tipo de cosas se requiere un trabajo realizado con un criterio deliberado y especializado.
—Pero hay muchas formas de estimar una multitud
—Y ningún método te va a dar un número con el que todos van a estar conformes.

¿Entonces qué?

Simplemente quitarse ese improductivo afán de querer llegar a un número y concentrarse en los próximos pasos. Yo no soy quien para decirle a nadie qué hacer, pero si los organizadores no se ocuparon de tener métodos de medición formales para la marcha, no deberían aupar ningún cálculo y prepararse para cuantificar la próxima actividad. El tamaño de la marcha fue “una barsa de gente”, aunque ya nos enseñara Pablo Tactuck que “una barsa no es un número”.

Además

Insistir en una cifra fantástica como las 126 mil personas o “más de 100 mil” como muchos dicen, se puede convertir en el peor cuchillo para el movimiento.

Piensen por un momento lo que pasará en el próximo evento (sea marcha, concierto, vigilia o whatever). Lo primero es que habrá gente (del gobierno, de los medios, de los empresarios…) contando la asistencia, cuantificando cuidadosa y científicamente la cosa.

¿Qué pasaría si los números de un segundo evento dan …. 65 mil personas? ¿O 35 mil? ¿O menos de ahí? ¿Cómo justificar que un movimiento social pase de 126 mil personas a una fracción de esa cantidad? ¿Que la gente abandona la lucha?

Por todo esto, creo que no conviene que se siga insistiendo en los 126 mil ni en ningún número, sin apoyo científico. A estas alturas, es mejor pensar en una cifra modesta, al ojo porciento y apalancar el éxito de la marcha del domingo para conseguir un segundo golpe que esta vez sí vamos a procurar “medir al chele”.

Y esos son mis dos cheles sobre este tema.

El panel de influenciadores en #FOARD2016

Sé que #FOARD2016 pasó hace como dos años ya y que, a menos que una presentadora enseñe “su palte” o el Presidente diga algo chistoso como que va a trancar a los corruptos, los temas “aburridos” no sobreviven un fin de semana. Pero aún esa conferencia me provoca escribir y ya que ustedes vinieron solitos, pues aquí les dejo esta (larga pero ilustrativa) limonada. ¡Salud!

Una de las principales temáticas durante #FOARD2016 fueron los “influenciadores”. Y quizás han notado que casi siempre que menciono esa palabra lo hago entre comillas. Como si no fueran influenciadores en realidad (tengo mis dudas). Como si fueran un relajo (ahí casi no tengo dudas). Pues bien…

Panel de influenciadores en #FOARD2016

Panel de influenciadores en #FOARD2016

Quise tratar como un tema aparte el panel de influenciadores que se efectuó en la conferencia, pues considero de urgencia las implicaciones que se desprenden de ello. Con el propósito de edificar a quienes no tuvieron la oportunidad de asistir a #FOARD2016, me permito compartir este vídeo que grabé con mi móvil. Pido (casi ruego) disculpas por la pésima calidad y el distractivo meneo de la imagen. No tenía trípode ni un mejor ángulo para esto, literalmente solo saqué mi móvil y me puse a grabar a pulso. Al menos el audio se escucha bien (a pesar de mi molesta “metedera de cuchara”).

Me gustaría que pudieran escucharlo completo pero se trata de media hora. Como probablemente nadie tiene tanto tiempo libre (a menos que seas un “influencer”, esos sí tienen pila de tiempo libre) y como en el vídeo no sale el negro de Whatsapp ni hay hookahs ni dembow, probablemente no sea llamativo para muchos. Por eso, no tengo más remedio que narrarles todo lo que sucede. Al final de cada pregunta, me animo a exponer mi opinión de lo tratado.

Los protagonistas del panel

El panel y sus panelistas, según el programa de #FOARD2016

El panel y sus panelistas, según el programa de #FOARD2016

Nuria Piera fungió como moderadora… y ya me dio teriquito. Con lo avasallante, “interruptiva” e impositiva que puede ser esta rubia, no se me pareció a lo que debe ser un buen moderador. Pero ni modo, Nuria “cae parada” en todas partes, tiene más suerte que Martha Heredia y todo se le perdona.

Según el programa, tres de los panelistas son parte de agencias digitales, además el director de mercadeo de un importante grupo comercial. Estaba también un expositor internacional y una “fashion blogger”. Los cuatro primeros los entiendo perfectamente. En el caso de Fernando Anzures me extrañó pues por capacitado que esté en el tema (su charla se denominó “el consumidor como medio y su influencia social”), dudo mucho que conociera el ambiente local. Y sobre Glency… errrr… hmmmm… no sé.

[00:14] Primera pregunta

Piera inicia preguntando si los “influencers” son una moda y si están preparados para esa función. Anzures toma la palabra y demuestra que no conoce nuestro entorno al decir que “los influencers tienen la preparación, quienes no tienen la preparación son las agencias de medios y las marcas que los utilizan”. Luego explica que una agencia de medios presente en el evento (que no quiso identificar) le había planteado usar influenciadores sin mucha ciencia.

Randolph Luna dice que no se debe considerar a los influenciadores solo como un nuevo elemento en el presupuesto de mercadeo. Los llama eslabones sociales entre las marcas y el consumidor “que son necesarios y seguirán siendo necesarios”. Además, dice que la marca debe examinarlos y saber si son capaces de modificar el comportamiento y generar acciones en los receptores del mensaje.

Viena Divaluna recuerda que siempre hemos tenido influenciadores, por lo que no son una moda. Sí cambian los canales que utilizan y reconoce que cualquiera de ellos puede perder preponderancia. Responsabiliza a la agencia como la encargada de determinar cuál influenciador es adecuado para cada marca.

Glency Féliz coincide en que el concepto no es nuevo y acepta que hay que usar a los influencers a partir de una estrategia… y deja caer dos porcentajes: “Solo el 3% de la población se considera influencers, y ese 3% mueve el 80% del mercado” (¡!). El estadístico que vive en mí quiso poner eso en contexto y presenta esta tabla, se rasca la cabeza y se pregunta ¿de dónde rayos sacó ella ese disparatedato? (Ni siquiera entré a considerar la parte de que “mueve el 80% del mercado”).

Población total Usuarios conectados Usuarios de Instagram
Universos 9,445,281 ∼4,500,000 ∼1,000,000
El 3% de Glency 283,358 135,000 30,000
¿Hay tantos “influencers” en este país? Juzguen ustedes…

Clara Palacio los llama puentes de comunicación entre las marcas y los consumidores, que resultan ser una forma más económica de insertarse en la población y que sirven para que las marcas se comuniquen con lineamientos.

Michael Barón emitió ciertos sonidos a través de su boca que no entendí bien. Me pareció que dijo algo como que hay usuarios que son “influenciadores naturales porque sí” (¿?). Entiende que no es algo nuevo, sino que es “el curso natural de las cosas” (¿¿??). Dijo que las personas, a diferencia de las marcas tienen un “tracking natural” (¿¡!?). Y agregó que las marcas son perezosas y que quieren apropiarse del “espacio natural” (¡!!”#$????) de los influenciadores, los cuales ganan muchos likes porque son “lindos, chistosos y divertidos” (¿y naturales, no son naturales?).

Mi opinión: En general, los panelistas están claros en que los influenciadores no son una moda pasajera. Randolph y Viena están bien claros en que deben ser gestionados por las agencias, las cuales a su vez son responsables de analizar bien quiénes son apropiados a cada marca.

Ah, y quedó claro que Glency no debería jamás usar porcentajes, y que Michael tiene un futuro brillante como botánico.

[05:55] Segunda pregunta

Nuria, luego de coger impulso, lanzó la segunda pregunta: “¿Las agencias publicitarias han perjudicado la imagen de los influenciadores?”. Isaac Ramírez, Danny Lantigua y yo abrimos los ojos del tamaño de dos aguacates.

Fernando empieza diciendo que “estamos usando mal el concepto de influenciador”. Centra su participacióbn en que un influenciador debe ser capaz de mover a su audiencia a hacer algo. Se queja de que las agencias no contemplan la influencia de la misma manera, por lo que terminan imponiendo “talentos” a partir de evaluaciones incorrectas de los mismos.

Viena aclara que no es lo mismo un embajador de marca que un influenciador, y sostiene que las agencias no promueven el surgimiento de un influenciador. Entiende que el trabajo de las agencias es buscar a las personas cuyo contenido está siendo consumido por el público que interesa a las marcas. Añade que debe haber objetivos estratégicos y menciona alcance y construcción de marca como ejemplos, los cuales ameritan dos tipos distintos de influenciadores.

Michael interviene para decir que la cantidad de seguidores de los influenciadores es importante porque “en el punto en que está nuestro mercado no tenemos otra métrica”. En ese punto de la grabación se escucha a alguien con una voz parecida a la mía decir “¿cómo que no, an(beep)al?”, pero no fui yo. En serio, no fui yoooo. Barón continúa diciendo que “hemos sido muy perezosos en identificar métricas de valor que nos permitan determinar si estamos invirtiendo donde debe ser o no”. Considera que los influenciadores “son la personificación de lo que quisiera ser la marca”.

Randolph señala que el problema surge cuando “ni la agencia ni el influenciador han hecho la tarea de entender la estrategia del cliente”. Insiste en que tanto la agencia como el influenciador necesitan entender el core de negocio, y los valores que representa. “Si un influenciador no se identifica con esos valores no debería asumir el trabajo”. Merecidos aplausos al final de sus palabras.

Glency expresa que las redes sociales generan dinero para los influenciadores “¿quién no lo sabe?” pregunta retóricamente. Por ello, coincide con Randolph en que el compromiso que haga el influenciador con la marca “es lo más importante”.

Clara señala que las agencias deben estudiar los perfiles de los influenciadores, y que estos deben comulgar con la marca, “es una responsabilidad de ambos”, indica.

Mi opinión: La respuesta de Nuria no fue respondida apropiadamente por los panelistas, lo que revela una debilidad de la moderadora. El cuestionamiento inicial derivó en un debate sobre responsabilidades entre qué toca a la marca, qué toca a la agencia y qué toca al influenciador a la hora de trabajar juntos. Con todo, las intervenciones de Viena Divaluna, Randolph De Luna y Fernando Anzures fueron más coherentes con lo que entiendo correcto. Glency no aportó gran cosa, Clara repitió lo ya establecido y Michael Barón… reveló un desconocimiento preocupante de las analíticas en redes sociales.

[12:00] Tercera pregunta

Piera plantea la falta de transparencia de algunos influenciadores, al no establecer claramente que están siendo pagados por sus publicaciones promocionadas. Quiere saber la opinión de los panelistas sobre esa situación en nuestro país. Nuria cambia el orden de respuesta de los panelistas para iniciar con Michael Barón… Ouch.

Michael desperdicia casi un minuto hablando de algo que no tenía absolutamente ninguna conexión con lo que se planteó (y si escuchan el audio a partir de 12:30, por favor me lo explican que yo no entendí), lo que evidencia que el hombre no entendió la pregunta o quizás estaba revisando su Klout. Nuria, en un inesperado derroche de benevolencia, se acerca y lo ubica cuidadosamente en el tema.

Michael (segundo chance) dice que la transparencia de los influenciadores en revelar si su contenido es pagado “es irrelevante”. Y lo repite, “la transparencia en esto es irrelevante porque cuando tú sigues a una figura, estás imaginando lo que él está jurando que es. O sea, no tenemos que saber si realmente representa eso o no”. Dice que si los influenciadores colocaran “anuncio pagado” en sus publicaciones “eso no soluciona ningún problema”.

Clara recuerda que “la publicidad encubierta ha existido siempre”, y afirma que lo que hacen los influenciadores es publicidad encubierta. Entiende ella que no se nota tanto porque el trabajo de los influencadores está desplazando un poco la publicidad tradicional “que es mucho más costosa”.

Glency reconoce que se hace buen dinero y que “se puede vivir de eso”, algo que confirma Pamela Sued, también presente. Asegura que a ella no le afecta especificar #publicidad o #ad en sus publicaciones (no sé cómo lo sabe, nunca lo ha hecho). Sin embargo, niega que los influenciadores tengan que revelar cuánto cobran por hacer el “trabajo” que hacen. Reta a varias personas de la audiencia a que revelen su salario y nadie accede. “¿Por qué yo tengo que decir cuánto gano?” sentencia. Pide que se respete el trabajo de cada quien y afirma que la comunidad llega a conocer al influenciador “igual que su familia”.

Viena considera que la marca debe trabajar para que el influenciador vaya más allá de simplemente hacer publicaciones, que se convierta en un embajador y constructor de la reputación de la marca. Cuando un influenciador llega a ser embajador de la marca, a utilizarla más allá de una relación comercial, “no hay necesidad de que cada publicación especifique que es #publicidad, porque lo ideal ahí es que en su perfil el influenciador declare que es embajador de tal marca”. Reconoce diferencias con lo que pasa en otros países, o hasta en otras industrias, en donde sí hace sentido etiquetar toda publicación claramente.

Randolph entiende que hay una manera responsable de hacer el trabajo, sin necesidad de revelar montos específicos cobrados. Se preocupa por cómo el público recibe el mensaje, “cómo lo va a captar, no como que me están mintiendo sino como un mensaje que es parte de un estilo de vida [del influenciador], de alguien que tiene una conexión real con una marca”.

Mi opinión: Aterra escuchar en un congreso de este nivel que alguien diga, en cualquier contexto, que la transparencia es irrelevante. Aterra más aún cuando se trata de encubrir la publicidad detrás de “socialización orgánica”. También convendría aclararle a Glency que no nos interesa saber cuánto cobra por cada pieza publicitaria encubierta que publica, sino simplemente que no quede duda alguna de que ha sido una publicación pagada. Estoy de acuerdo con Randolph en que hay maneras de hacer el trabajo correctamente y con Viena en que lo ideal sería que cada persona diga de entrada con cuáles marcas trabaja.

[19:22] Cuarta pregunta

Nuria le hace contexto a Fernando diciendo que según un artículo, en los Estados Unidos son las marcas las que promueven el secretismo de los montos pagados a los influenciadores (no he encontrado un artículo sobre esas líneas). Anzures entiende que el mercado se está prostituyendo y no se sabe a ciencia cierta cuánto cuesta un tuit o una publicación en Instagram. Luego afirma que en su experiencia ha encontrado que a mayor cantidad de seguidores, menor interacción promedio genera una cuenta. Concluye diciendo que pocas personas se dedican a estudiar la efectividad de un influenciador con respecto a su comunidad.

Entonces se produjo un tirayjala entre Viena y Fernando con relación a herramientas de medición y evaluación de influenciadores.

Mi opinión: Creo que Viena y Fernando estaban hablando de cosas similares, pero desde ángulos distintos. Ambos apoyan que hay que medir y ambos utilizan herramientas para ello. Tales análisis son parte esencial en la definición de estrategias de uso de tal o cual tipo de influenciador.

[22:42] Quinta pregunta

Nuria insertó una pregunta de oro: “¿Se consideran y miden los seguidores falsos y las interacciones artificiales que producen?”. Sin dudar, Viena dijo que se pueden medir y de hecho se miden, y revela que existen aplicaciones o servicios que abultan no solo la cantidad de seguidores, sino que además hacen “like” en contenido y hasta pueden realizar comentarios.

Glency interviene para recordar que Instagram hizo una depuración “el año pasado” (en realidad fue en diciembre de 2014) en donde eliminó millones de cuentas falsas. Vale notar es que eso sucede permanentemente en todas las redes sociales y es un proceso normal. Más adelante, la misma Glency dice que si una cuenta con 100 seguidores publica una foto y no obtiene ni un me gusta “hay un problema”. Se toma un “selfie” con Nuria asegurando que con ello comprobaría “el impacto que tienes en las redes”, insinuando que dicha foto sería más popular que una de ella sola.

I did the math, just for the sake of the argument. Selfie con Nuria: 1,494 likes y 26 comentarios. El promedio de las siguientes 5 fotos donde sale ella sola: 2,730.6 likes y 28 comentarios. “Juzguen ustedes”.

Mi opinión: La agencia que no esté depurando las interacciones artificiales y los seguidores falsos de los influenciadores, necesita contratar personal especializado en ciencia de datos para afrontar esa y muchas otras tareas. Aplaudo a Viena por no limitarse a las herramientas prefabricadas, y buscar soluciones específicas a nuestro entorno. Sobre Glency… errr… ¡próxima pregunta!

[25:43] Sexta y final pregunta

Nuria finaliza preguntando ¿Qué pasa con personas famosas en la televisión [medio tradicional] que no funcionan en las redes sociales? ¿Y lo inverso, personas que funcionan en medios sociales pero no en los tradicionales?

Fernando explica que los medios sociales son usados por “nuevas generaciones con nuevas pantallas”. Antes el contenido se consumía por pocos canales con normas y rigideces establecidas. Según su lógica, esta flexibilidad y multicanalidad amerita actores que sepan aprovecharlas.

Randolph pide diferenciar alcance o exposición con respecto al impacto. Dice que “al final no importa que nos conozcan, sino que nos quieran”.

Viena coincide con Fernando y recalca que se trata no solo de diferentes momentos de consumo, sino también distintos targets, ya que un segmento muy joven seguramente consume mucho más digital que quienes tienen más edad.

Mi opinión: La razón detrás de ese fenómeno es bastante simple: Hay que saber insertarse en cada medio. Cada canal, sea tradicional o sea “digital”, tiene reglas, formatos y manejos que son particulares. Hay personas que no pueden adaptarse a uno u otro medio. No es necesario que una figura de televisión sea exitosa en YouTube o Instagram o viceversa. Simple.

Consideraciones finales

Este panel tuvo muchas luces y demasiadas sombras. Si leyeron esta limonada completa no me cabe duda que podrían identificar cuáles fueron los puntos positivos y cuáles fueron los “huevos” que brincaron. Me preocupa mucho que haya agencias que aún no sepan cómo evaluar el papel de un influenciador, que no sepan identificar gente apropiada a una marca, y que no sean capaces de exigir más que simples publicaciones sonsas. Por supuesto, hay agencias que están haciendo bien su tarea, y hay marcas que saben lo que buscan de estos talentos. Pero es urgente que las agencias tomen en serio la analítica, que se aboquen a estudiar científicamente el aluvión de data que hay en todas partes.

Creo que los influenciadores dominicanos tienen una cantidad inmensa de potencial, pero necesitan dejar la haraganería y la comodidad del mínimo esfuerzo. Se cuentan con los dedos de una mano los influenciadores que pueden presentar reportes de desempeño que vayan más allá de simples vanity metrics. La mayoría se limita a paveladas donde hablan de “impactos” o de índice Klout y otras minucias.

Peor aún, muy pocas personas de las llamadas “influencers” trabaja con honestidad para las agencias o las marcas. Es raro encontrar amor real de un influenciador hacia la marca que le contrata, lo que daña la química y convierte cualquier interacción en un ejercicio antiséptico y almidonado.

Creo que hace falta que la industria (agencias, marcas e influenciadores) construya terreno común en el cual el mercadeo de influencia pueda desarrollarse de manera equilibrada. Sin que haya “talentos” que quieran cobrar una millonada por un trabajo que ni siquiera pueden respaldar. Creo que las agencias deben diseñar herramientas propias pero con parámetros de medición comunes en la industria, para que la evaluación de la Agencia A no sea demasiado distinta de la evaluación de la Agencia B sobre el mismo talento.

Y creo, finalmente, que los usuarios finales, los seguidores de influenciadores, deben aprender a apoyar la sinceridad y la franqueza y alejarse de aquellos que encubiertamente les quieran meter publicidad forzada sin siquiera declarar que cobran por ello.

Felicidades a #FOARD2016 por hacer este panel. Ojalá de este ejercicio se hiciera algo más extenso y profundo, más práctico y con ejercicios, donde marcas, agencias e influenciadores puedan aprender a dominar inteligentemente esta rama del mercadeo digital, y dejar atrás la “administración de colmado” que rige en la mayoría de los tres grupos.

Las muchas hondas huellas de Miguel Gil Mejía

Si has sido una persona de bien, al final de tu caminar sobre este planeta cuando la muerte te visite y fijes residencia permanente en algún cementerio, probablemente le dolerás a alguien. A tu familia inmediata, a tus compañeros del diario vivir y quizás hasta a esos amigos que no veías hacía muchos años. Si es así, felicidades, has dejado huellas.

Naturalmente, no todos dejaremos las mismas huellas. Hay intensidades en esto, como en todo. Y también hay volumen, como también en todo. Las huellas importan por su profundidad, que mientras más hondas más durarán; pero importan también por su cantidad pues mientras más logremos dejar, más personas podrán verlas y quizás seguirlas.

De eso se trata, quizás, la vida: de dejar hondas y numerosas huellas. Lo mejor es que no necesitas ser una “persona importante” como una figura pública, un gran inventor o un científico destacado. Dejar huellas está al alcance de todos.

Permíteme presentarte al mejor hombre que quizás no conociste, un ser humano de numerosas virtudes que nunca buscó fama porque una de sus huellas más profundas fue la humildad. Don Miguel Gil Mejía.

Miguel Gil Mejía

Miguel Gil Mejía

Un hombre que vivió con intensidad el afán creativo y ejecutor que da la ingeniería, a lo largo de su vida dejó una inmensa cantidad de huellas. Escribiendo esta limonada he descubierto cosas que no conocía de él, pero que no me asombran, pues así era este hombre. Fue ingeniero de los de antes, egresado del exigente Tecnológico de Monterrey, profesor de varias universidades, gerente innovador (responsable ejecutivo de marcas que usamos diariamente como ATH y UNIPAGO), servidor público sin cola que le pisen, aglutinador de talentos (dirigió el capítulo dominicano del EXATEC, presidió el Club Arroyo Hondo, por ejemplo) y fue declarado como “Pionero de la Informática” por la Cámara Americana de Comercio. ¿Sabes qué tuvo don Miguel? Una vida repleta de frutos, productiva, frondosa. Una vida vivida al servicio de la gente.

Pero obviamente, su huella más profunda, la que a mí me duele más, es la de su amor por el béisbol. Ciertamente él amaba a mis archirrivales los Tigres del Licey, pero su pasión trasciende las diferencias. Don Miguel fue el mejor fanático de un equipo de béisbol que jamás he conocido.

El liceísta

Su liceísmo fue legendario y contagioso desde que era un muchacho (sus anécdotas sobre peloteros iban hasta los primeros años de LIDOM). Abonado por décadas primero en el Estado Cibao y luego en el Quisqueya, podías mirar hacia la zona de A24 y cuando tocaban el Himno Nacional su calva destellaba con las luces. Era de los pocos momentos en que podías ver su cabeza descapotada en el estadio porque de lo contrario usaba una de sus decenas de gorras azules.

Cuando, a principios de siglo empecé junto a algunos amigos a desarrollar Aguiluchos.com, ya el website del Licey tenía varios años operando, manejado enteramente por don Miguel. Hoy quizás no sea gran cosa hacer un website, pero casi 20 años atrás, aquello era una proeza. Y hay que ver todo lo que Don Miguel logró acumular y publicar en esas primeras versiones del website azul. En esta imagen, a la izquierda, hay un denso menú de contenido, curado por él, a mano pelá.

Un pantallazo del viejo licey.com

Un pantallazo del viejo licey.com

Su aporte más puro a esa web, diría yo, fueron sus artículos de opinión, los que colocaba bajo “La esquinita del webmaster” y luego renombrada como “La esquinita de MGM”. Allí don Miguel se presentaba como lo que fue, un fanático sensato, ecuánime, furibundo pero magnánimo. No era perfecto (en más de una ocasión le reclamé alguna opinión que me parecía exagerada y eso provocaba un intenso debate por correo), pero siempre era genial. Lo leí alabar al Licey, acabar con su directiva, o con la LIDOM cuando las cosas que pasaban le parecían insólitas. Un ejemplo de sus épicas quejas consistía en decir que el Estadio Quisqueya le provocaba dolor en el cuello por tener que girar la cabeza cientos de veces hacia el jardín izquierdo, para mirar la pantalla que medía la velocidad de los lanzamientos.

El primer saludo

Además de crear licey.com, don Miguel inició el TigerBook, que aunque era un libro de visitas (¿se acuerdan de eso?) lo usábamos como un rudimentario foro de mensajes. Y además, creó la lista de correos LiceyFans. Fue esa lista de correo la que provocó que nos conociéramos en persona. Yo aún no sabía quién era este tipo, pero asumía que era un tiguere más (después de todo, ¿quién iba a imaginar que un “señol mayol” iba a estar haciendo websites hace 20 años?), así que, fre’co y trascendío como soy, solicité ingresar a la lista de correos de LiceyFans. Don Miguel me respondió preguntando por qué querría un aguilucho estar en una lista de fanáticos azules “si no fuera para fuñir”. Me molesté con su comentario y con una respuesta larguísima mandé a don Miguel a comerse con yuca su dichosa lista… ah, la osadía que da el “anonimato”…

Al día siguiente recibí otro mensaje donde don Miguel me invitaba a que en el próximo partido entre Águilas y Tigres en el Quisqueya pasara por su asiento en el A24. Accedí y el día señalado, con más miedo que vergüenza conocí a este caballero de sonrisa alegre e inmensa. Me reconoció sin que abriera la boca (supongo que el hecho de ir ataviado de aguilucho ayudó bastante). “¿Tú eres Darío Martínez?” me preguntó como quien ansiaba el momento. “Martínez Batlle” respondí como es mi costumbre. Mientras se ponía de pie hizo por primera vez el ritual que haríamos toda vez que nos vimos: Con la mano izquierda se descubría la cabeza mientras su diestra se abalanzaba sobre mi diestra para estrecharla. Apenas atiné a quitarme mi gorra antes de saludarlo y me dijo que entre caballeros los saludos se hacen con la cabeza al descubierto.

Aquella vez no salía de mi asombro. “¿En serio este abuelito es el webmaster del Licey?” me cuestionaba sin parar. No recuerdo de qué hablamos pero sé que él me animó a seguir trabajando en Aguiluchos.com, porque el trabajo que hacíamos era importante. Con el tiempo llegamos a compartir ideas y cuando ganamos la Arroba de Oro en 2007, su abrazo en el Quisqueya fue una de las cosas más sinceras que jamás recibí. Ah, y nunca me dejó entrar a LiceyFans.

Una de las mejores partes de ir al Quisqueya era pasar a saludarlo. La pizarra no importaba; fuera que estuviera perdiendo o ganando, la mitad del séptimo episodio era el momento que aprovechaba para ir de donde estuviera hasta su asiento. Muy pocas veces no lo vi allí. Entonces me presentaba a quienes tenía alrededor, yo saludaba como sintiéndome Jack Dawson en la cena del Titanic, y en lo que entraban los azules a batear, conversábamos.

En diversas ocasiones nos encontramos en algún evento y siempre tuvo la amabilidad de saludarme. Siempre me sentí inmensamente distinguido, tratado con una deferencia de la que sinceramente no me sentía merecedor. A pesar de tener un carácter fuerte, se podía adivinar que era justo, consecuente, un hombre recto. Y su risa, coño, su risa era todo lo cálida y cercana que puede ser una carcajada.

De todas las muchas hondas huellas que Miguel Gil Mejía ha dejado, esta es la que más me duele. Su adorada doña Carmen, aguilucha como corresponde, sus hijos y sus allegados con facilidad podrían mencionar muchas otras maneras en las que este hombre les hará falta. A mí, mientras tanto, me hará falta cada vez que las Águilas visiten a los Tigres y llegue el séptimo episodio.

Me siento agradecido de haber sido distinguido con su aprecio y sus palabras siempre de aliento. De haber compartido humor y cuerda beisbolística, de quitarme mi gorra desde lejos cuando lo veía. De haber aprendido tanto. El béisbol dominicano no podrá pagar tanta entrega.

Un inmenso clap para usted. clap

#FOARD2016: Mis impresiones

El jueves pasado sucedió #FOARD2016 o “The Future of Advertising”, sin dudas la conferencia más importante sobre publicidad, mercadeo y medios sociales que por tercer año seguido se celebra en nuestro país. Tuve la oportunidad de asistir y tirarme el evento de pi a pá. Ayer publiqué acá todos mis tuits sobre ese evento, por si te interesa consultarlos.

Ahora, en un ambicioso intento de evaluar lo que vi y lo que percibí, aquí presento mis impresiones sobre #FOARD2016:

Más marcas

Soy un creyente de este tipo de eventos. Son oportunidades para que las marcas se acerquen al día a día de las agencias y los profesionales del mercadeo digital. Por eso, pienso que el principal público que debería asistir a eventos como #FOARD2016 son los clientes, los ejecutivos, gerentes de producto o servicio, la gente que toma decisiones en el otro lado de la ecuación comercial que es el mercadeo digital. Las agencias y los independientes por supuesto que necesitamos a #FOARD2016, pero creo que es más difícil que una tendencia nos agarre asando batatas por descuido.

Por eso, pienso que decir que “asistieron 1,200 personas” a un evento como este, es una vanity metric. Lo verdaderamente importante es saber si asistieron más marcas que el año pasado. O más estudiantes, que sería el segundo tipo de público ideal para el futuro de la publicidad.

Dicho esto, tengo la impresión de que había más marcas y empresas que el año pasado. Y el contenido de varias charlas se enfocó en ellas, más que en el “peatón digital”. Ojalá me pudieran confirmar esta sospecha.

La mejor locación

Sambil continúa siendo la mejor sala para este tipo de eventos. El salón de convenciones acogió a todos los asistentes y nunca nos sentimos “apechurrados”. La cantidad de estacionamientos es suficiente, aunque entrar o salir del mismo puede ser un caos. Y el food court está mejor que el año pasado (gracias, Subway).

Algunos asuntos técnicos

Lo peor: El sonido, demonios… Los micrófonos fallaron tanto, se aterrizaron en tantas ocasiones, y vomitaron estática con tal insistencia que no parece descabellado asumir que nadie hizo un soundcheck para esta actividad. El tollo fue tan grotesco que Fernando Anzures prefirió no iniciar su charla hasta que resolvieran el asunto.

Lo mejor: Las bandas NFC fueron realmente una maravilla. Toda persona que hizo fila para registrar su banda todavía vive en el Siglo XX. Yo registré la mía desde que la recibí, entré al evento como que eso e’ mío y cada vez que necesité pasarla funcionó como se espera. Por costosa que sea esta tecnología, creo que el ahorro en tiempo e incomodidades justifica la inversión y el público lo agradece.

Sin embargo, el uso de las bandas aparte de control de entrada fue bastante limitado. Los fotógrafos capturaban los datos de la banda al tomar fotos, participar en algunos juegos requería el uso de la banda, pero no mucho más de ahí. Me habría gustado ver más aplicaciones de las bandas NFC.

Otro punto que percibí como mejora sobre el año pasado es el wifi gratis. En 2015 el servicio de Claro fue pésimo e ineficiente. Este año, con la misma empresa, no escuché quejas de nadie por ese asunto. En un momento lo utilicé sin problemas. Eso sí, había como 4 hotspots de Wind Telecom a mi alrededor (aparte del mío).

Las ponencias

Este es realmente el punto principal de esta limonada. Mi parecer en grosso modo es que el material expuesto en #FOARD2016 fue mucho más apropiado para nuestra realidad, que lo que fue el programa del 2015. Dos conceptos fueron mencionados en buena parte de las charlas: Analíticas/Medición y, por supuesto, los famosos “influencers”. Estos dos temas son urgentes en nuestro país; el primero porque aún estamos en pañales en la aplicación de analíticas accionables y estratégicas (todavía hay gente hablando de “impactos” y “Klout”). El segundo, porque es necesario que se acabe el desorden, la desinformación y el relajo que un grupo de “celebrities” tiene con un tema que, quedó evidenciado en la conferencia, confunden brutalmente con métricas de vanidad.

Otro tema que gravitó en muchas de las charlas es el de mercadeo de contenidos, pero en mi opinión, ahí no estamos taaaaan atrasados.

En mi opinión mía propia personal, este es el balance de lo mejor y lo peor:

Las mejores charlasGonzalo Alonso, Fernando Anzures, Pam Didner y Eco Moliterno, en mi parecer, fueron los expositores internacionales que mejor conectaron con la audiencia, y los que tuvieron charlas más dinámicas y aterrizadas. Moliterno incluso recibió un curtain call de los presentes. El contenido de los cuatro fue activo, actual, muy práctico. Particularmente me encantó el manejo de Pam, su dominio del storytelling es genial y realmente me cautivó.

Enrique Dans tuvo una de las charlas más prácticas del día (sobre adaptarnos a un mundo donde el consumidor final decide qué publicidad ver, adbocking rules), pero siento que el público no le prestó la suficiente atención (shame on them). Y a Marco Pupo, sin duda alguna, lo que lo embromó fue que lo pusieron de último, con 30% menos de público ausente, tras una jornada larga y cansona. Pupo no usó slides, sino notas manuscritas grabadas en video, algo que hizo muy humanas y cercanas sus palabras.

Esperaba más de la charla de Renato De Paula, pues tocaba la transformación de los medios y la medición (yo trabajo en un medio y me dedico a hacer todo tipo de mediciones en digital). Con todo, me fui con algunas enseñanzas prácticas para aplicar.

Las charlas menos impactantes: Vladimir Palacio y Francisco Hortigüela me parecieron los expositores que pasaron más trabajo en llevar su mensaje. En el caso de Vladimir, el martes antes de #FOARD2016 estuvo en Diario Libre y en su conversatorio con nosotros expuso una buena parte de su conocimiento, con suficiente soltura y dominio… pero en la charla estuvo desconectado, inseguro, torpe en su hablar. Y sobre Hortigüela, el problema en mi caso fue el intenso acento castizo, el seseo que es natural en España pero que a mí en lo personal me distrae cantidad. Y me pareció que más que hablar, susurraba al micrófono.

Dejé aparte la charla de Mario Dávalos sencillamente porque al ser criollo, llevaba la ventaja de conocer la audiencia. El tema de Mario, “La nueva relación cliente-agencia”, es justo el tipo de contenido que amerita un evento como #FOARD2016, por lo mismo que decía antes: FOA es más para clientes y agencias. Dávalos recibió varios aplausos en sus puntualizaciones, y fue muy obvio que tiene un dominio inmenso sobre cómo hacer funcionar el “matrimonio por interés” de la marca y su agencia.

Los paneles

Ay, los paneles… siempre tan ambiciosos que se quedan en pura superficie. Cuando subes al escenario a cuatro o cinco personas, todas con deseos de exponer su punto de vista, y solo les das 30 minutos para hacerlo, sabes que el panel será una sopa de agua de arroz. A pesar de ello, creo que ambos paneles este año superaron los paneles de la pasada entrega.

El primer panel, de las marcas y los milennials, demostró que la generación actual (la que conformaba más del 80% de la audiencia) tiene claro que la publicidad de ayer no funciona con ellos, y que hoy día las marcas tienen que crear experiencias, momentos memorables, y apartarse del desfasado modelo one-way para tener relaciones inmersivas con el público. Las marcas dominicanas en su mayoría no entienden estas realidades y muy pocas están listas para lidiar con la generación mayoritariamente milennial que ya tenemos en todas partes.

El segundo panel, de influenciadores, fue espeluznante. Escuchar a un panelista decir que la cantidad de seguidores de un influencer es importante porque “no tenemos otra métrica” para evaluarlos es una de las cosas que más teriquito me ha producido. El mismo individuo expresó que “la transparencia de los influencers es irrelevante”. Por suerte yo no estaba comiendo nada, me habría atragandado. Menos mal que Viena Divaluna estaba dentro de los panelistas y junto a Randolph Luna salvaron esos entuertos.

Palabras finales

Pienso que #FOARD2016 fue un evento exquisito. La mayoría de las ponencias fueron excelentes, llenas de ideas y consejos que pueden ser utilizados desde ya. Las marcas deberían estar pendientes a este evento para cuando regrese (ojalá el año próximo), pues sin dudas es una muy buena inversión, que les ayuda a mejorar su relación con las agencias, a crear un lenguaje común, y a prepararse para cosas futuras.

 

Todos mis tuits sobre #FOARD2016

Uno de los grandes problemas de las redes sociales es la corta vida útil que tiene todo lo que en ellas publicamos. Sea Facebook, Instagram, Twitter, Pinterest y ni hablar de Snapchat (y también Instagram con sus “Stories”) todas colocan presión sobre los usuarios para que nunca nos detengamos de regalarles contenido (nuestro contenido). Pero al final, todo lo que publicamos es efímero en ellas.

Por eso en esta limonada he creado una colección con todos mis tuits relativos a #FOARD2016, el evento más importante de publicidad, mercadeo y redes sociales que se celebra en nuestro país. Así será más fácil (al menos para mí) encontrar mis palabras.

Aquí está:

Mi último tuit fue sobre el after-party, pero como envié tantos tuits (casi 90), Twitter no los muestra todos. Si quieres ver el resto, ni modo, dale acá.

¿Te interesa crear tus propias colecciones de tuits para poder publicarlas en tu blog? Este tutorial paso a paso te ayudará.

 

¡TRAGEDIA! 140 mil ilusos no se ganarán un MINI

Era muy obvio el engaño, muy clara la farsa. Sin embargo, más de 140 mil personas “participaron” para ganarse un auto MINI con solo hacer “like” a un par de fan pages muy bien “brandeados” y manejados por elementos que (por lo menos) cuidaron bastante la ortografía y utilizaron elementos gráficos de corte profesional. Se nota que no son novatos, que posiblemente hay una agencia publicitaria detrás de todo (ya lo sabremos luego, cuando el “cliente final” se adueñe del espacio).

Tanto arte hace sospechar que hay

Tanto arte hace sospechar que hay “manos profesionales” detrás del engaño

Hoy temprano me encuentro con que ya no existe ni el fan page original de MINI Club ni el segundo, los que la semana pasada me motivaron a escribir esta limonada. La evolución de esos meteóricos fan pages fue brutal, según puede apreciarse en esta gráfica que Facebook provee.

Creciendo con carburo

MINI Club logró en cuatro días, lo que marcas serias se toman meses o años en alcanzar.

Lo que el admin se llevó

Para las 2 de la tarde del 16 de junio, ya el fan page original tenía casi 52 mil fans. A las 5 de la tarde del mismo día, 62 mil ilusos habían dado “like”. A las 11 de la noche, la marca MINI (la real, por supuesto), aclaró que no estaba relacionada con esa supuesta rifa.

¡BOOM! No hay Mini, dijo la marca

¡BOOM! No hay Mini, dijo la marca

Al día siguiente, el fan page falso puso una nota donde aseguraron que su sorteo era “real y verdadero”, y anunciaron la gran sorpresa: ¡Ahora sortearían DOS automóviles! ¿El único problema? Que había que hacer like en OTRO fan page, nada más, el cual hasta la fecha tiene más de 22 mil “participantes”.

¿Qué hay entonces en esos fan pages ahora mismo? Nada relevante. Quedan solo dos cascarones. Cambiaron su naturaleza (el grande ahora es una “fundación” y el segundo, una “casa disquera”). Eliminaron las fotos de encabezado, las fotos de perfil, los “excelentes” artes que anunciaban el sorteo, todas sus publicaciones con las “instrucciones” para ganarse un MINI con solo hacer clic y compartir la promo… todo, se lo llevaron todo.

Ya no queda nada, nada, nada

Ya no queda nada, nada, nada

Oh, no, espera, aún quedan algunos comentarios de “fans”, como triste pasarela de la credulidad. Vestigios de ingenuidad.

"Fans" crédulos

“Fans” crédulos

¿Colorín colorado?

He escrito estas dos limonadas con una tenue esperanza. Quizás, me gusta pensar, estos mensajes llegarán a una parte de los “participantes” y del público en general. Quizás lograré disuadir a la gente de hacer “like” en cualquier fan page solo porque tiene una imagen bonita y una promesa menos creíble que una de Danilo. Quizás la gente aprenda un poco, y la próxima vez que estos pelafustanes quieran abultar un fan page para luego venderlo o para capturar información de sus ingenuos “participantes”, menos personas caigan en el truco.

Quizás… aunque sea una esperanza inútil, aprenderemos a comer menos mierda.

¡Dale like a mi fan page para poder atracarte!

Ok, perdón por hacerte pensar que tengo un fan page para cometer actos delictivos. La verdad es que aún no me decido a tener un fan page para mis limonadas, así que ese no era el objetivo de esta. Sorry por el truco, pero ya que estás aquí, aprovecha y lee, que seguro te interesa.

Nota: Un seguimiento del caso de MINI Club está en este enlace.

La delincuencia arrasando

No pasa una semana sin que los medios y las redes sociales compartan detalles de un nuevo asalto. A veces, no pasan ni dos días y vemos varios en pasarela. Y a pesar de la inmensa paja mental de Monchy Fadul (quien hasta para mear se hace acompañar de su escolta), la realidad es que los maleantes cada vez son más osados, más audaces… Y el asalto a la sucursal de Banco Ademi es apenas una muestra.

Sin embargo, siempre he dicho que una buena parte de la culpa de la ola de asaltos recae en nosotros mismos, los ciudadanos. Porque somos demasiado confiados, porque creemos cualquier pendejada, porque no tomamos medidas de simple sentido común para cuidarnos y cuidar a los nuestros.

Consejos para evitar caer en manos de atracadores hay muchos. Y todos son buenos, y la mayoría son muy fáciles de seguir. Pero hoy quiero llamar la atención sobre una práctica muy peligrosa que pocas veces se relaciona con la delincuencia.

Los fanpages engañosos en Facebook

La principal red social del mundo es también la más utilizada por los maleantes. No debería ser sorpresa para nadie pero por si acaso, sepan que los ladrones sí usan Facebook… y seguramente lo usan mucho mejor que la mayoría de nosotros.

De todas las maneras que usan los delincuentes para sacar información de los incautos, una de las más sencillas y “costo-efectivas” es usar fan pages con promociones y concursos espectaculares y llamativos, y de muy fácil participación. He visto fan pages donde “por primera vez en la historia de Facebook” se va a sortear un BMW entre los fans que hagan “like”. O un Range Rover… o un Mini, como en la imagen que acabo de capturar y que muestro a continuación.

Un Mini por un "like"... y 5,200 bobos

Un Mini por un “like”… y casi de 8,000 bobos hasta la fecha

¿Cuál es el problema de ese fan page?

Lo primero es que obviamente el “concurso” es falso. Nomás por eso debería bastar para que NADIE hiciera caso, pero tristemente, esa página ya se acerca a 8 mil “likes”. ¿Recuerdas la última vez que ganaste algo sorteado por una empresa sin teléfono, sin dirección física, sin website propio y que no  pide llenar un formulario con documento de identificación personal? Yo tampoco.

Este tipo de fan page tiene dos usos, y ninguno es bueno. El primero es cuando los administradores van adquiriendo fans (o borregos quizás sea más exacto decir) atraídos por la oportunidad de ganar un Mini siguiendo pasos muy simples. Una vez el fan page alcance una cifra notable de fans, los dueños lo venden a cualquier marca dispuesta a pagar, eliminan todo rastro de la publicidad y la marca anterior, renombran la página y la “brandean” con la marca que compró el fan page. Pum! ¡Mi marca ya tiene 50 mil fans sin hacer hecho ningún esfuerzo!

El peligro más peligroso

El otro destino es el que me preocupa. Teniendo una cantidad de “fans” cautivos en ese fan page, cualquier delincuente no tendrá mucha dificultad para ir viendo perfiles de las personas que interactúan con la publicidad, e ir construyendo verdaderos historiales de los mejores candidatos. Como muy pocas personas protegen bien sus perfiles, es muy probable que los maleantes puedan averiguar mucho sobre ti, incluyendo dirección de tu casa, de tu trabajo, datos de tu pareja e hijos, tu carro, tu móvil, etc… tan solo mirando tu perfil.

Luego te asombrarás cuando de “muden” en tu propia casa o te dejen solo con la ropa puesta, cuando prácticamente tú le allanaste el camino por estar “loqueando” en las redes sociales.

Ok, ok, ¿entonces qué hago?

Lo primero: Dale “unlike” a esa página. Te aseguro que como quiera no te ibas a ganar ni un pincho.

Lo segundo: Reporta la página como fraudulenta. Para ello haz clic en el ícono de los puntos suspensivos (···) y elige “Reportar página”, luego en la ventana siguiente elige “Es un fraude” (It’s a scam). Finalmente, bloquéala y oculta las porquerías que han compartido previamente.

Primer paso: Reporta la página

Primer paso: Reporta la página

Segundo paso: Identifícala como fraude

Segundo paso: Identifícala como fraude

Paso final: Bloquea la pupú

Paso final: Bloquea la pupú

Luego que hagas esto: POR FAVOR, revisa todos los fan pages a los que les has dado like en el pasado. Aprovecha y haz una limpieza y saca todo lo que no valga la pena o luzca sospechoso. Aprende de este tema y evita caer en ganchos.