La ignorancia a flor de piel

Leila Lopez, Miss Angola Universo

Leila Lopes, Miss Angola Universo

Nunca he sido amigo de los concursos de belleza. Me parecen simplemente una pérdida de tiempo y un enorme monumento a la frivolidad. Recuerdo que cuando Amelia Vega desfiló arropando al mundo con el encanto del vuelo de su vestido de gala, yo estaba viendo Catch me if you can, y sólo por la bulla que se armó en todas partes me animé a preguntar qué había pasado.

Sin embargo, quizás atraído por el afán de apostar a una favorita, de vez en cuando he visto los minutos finales del concurso… oh, bueno, a veces he visto más que eso, especialmente la parte de los trajes de baño. Total, no sólo de seriedad vive el hombre.

Esta noche, por pura casualidad, me tiré casi todo el concurso  e hice diversos comentarios en Twitter. Me llamó la atención la concursante de Angola, una morena muy simpática que finalmente terminó siendo coronada como la mujer más bella del planeta. En algún momento tuitié “Si gana Pangola no me pongo guapo. ‘Ta bonita la morena”. Poco después me llegó un DM que voy a preferir mantener en privado “Loco, cómo te va a gustar la prieta al lado de la de Ucrania?”. De momento no respondí, primero porque lo tomé a chercha y segundo porque me pareció demasiado ofensivo como para ponerme a darle respuesta.

Mientras todo esto pasaba, estaba en chat con otra persona que por circunstancias especiales no podía ver el programa. Le iba narrando lo que pasaba. Cuando quedaban las cinco finales, dije “La de Angola es una morena muy linda. Es mi favorita”. La respuesta fue “Angola? Debe ser una cosa rara”. Aún tomándolo a chercha repliqué “No, de hecho, es una morena impresionante”.

En lo personal, yo no soy muy dado a que me llame la atención una mujer de piel oscura. Es decir, si a elegir fuera, y si el único criterio en juego fuera el color de la piel, probablemente yo me decantaría por una trigueña o una rubia, antes que por una mujer de piel oscura. Sin embargo, tengo demasiada edad como para saber que la piel es algo demasiado superficial (pun heavily intended) como para conformar un criterio acerca de una persona. Hay una caterva de factores mucho más determinantes que la piel como para hacerse un juicio sobre un ser humano. Al final, la piel es sólo envoltura, y quien juzga solo la envoltura sería capaz de comer m13rd4 sólo porque viene arropada en lino.

Yo vi la simpatía y la elegancia de la morena de Angola. Me pareció, insisto, una morena altamente llamativa, mucho más que prácticamente todas las demás candidatas que llegué a ver en las distintas etapas del certamen. Sin embargo, a medida que se acercaba la culminación del evento, y mientras anunciaban a la cuarta, tercera y segunda finalista, esta persona con quien estaba chateando iba pidiendo que Leila Lopes, la representante de Angola, no ganara. Y este chat sucedió.

—¡Quedan Angola y Ucrania! –anuncio con algo de nerviosismo.

—¡Que gane Ucrania!

—Miss Universo 2011 es….. ¡¡ANGOLA!! –digo finalmente, con contentura de que ganara la morena.

—No relajes…

—Quedó Ucrania como runner-up.

—Eso no es un concurso de belleza, no.

—¿Y de qué? –pregunto con asombro.

—Después de Obama todo es posible… sólo a Peña Gómez no se le dio. –dice y yo empiezo a darme cuenta de que es en serio.

—La jeva es linda, tú ni siquiera la has visto. ¿Nomás porque es morena no te gusta? –replico con incredulidad.

—Es un concurso de belleza, ¡be-lle-za! –me dice y yo no lo creo.

—Pérate, ¿porque es morena no puede ser bella? –tengo que confirmar que la vaina es en serio.

—Por años he visto el concurso. Ahí no hay nada que ver. Comparada con sus contrincantes no puede ser bella, no creo. –dice y yo sigo asombrado.

—Vielka y María Moñito… –continúa esta persona– y la ganadora del concurso de BELLEZA es… ¡María Moñito! Es un concurso de belleza, no de habilidades o deportes. –la comparación con mi hija y María Moñito es asombrosamente hiriente.

—Estás hablando como una persona ignorante. No has visto a la jeva, no la viste desfilar, no viste su desempeño. Estás ejerciendo un prejuicio inmenso. –exploto finalmente.

—No la he visto, es cierto, pero aún sin verla no creo que sea más hermosa que las otras. Ponla al lado de Amelia y me dices.

Yo preferí no seguir la conversación… pero me he quedado con un profundo mal sabor de ver que todavía hoy día en este país donde hay más simpatizantes de Bacho que gente de piel blanca, existan personas capaces de tener prejuicios tan anacrónicos, infundados, insostenibles y plenamente tontos.

Angola me abrió los ojos ante una realidad que pensaba que estaba superada.