Cualquiera que haya visto un solo episodio de Mil Historias da fe de que cuando suben los créditos está sonriendo, quizás con una lagrimita a punto de saltar de un ojo.
Estoy dispuesto a dudar categóricamente que un niño o niña que sea disciplinado con una pela en dosis correcta, sin que sea un castigo recurrente ni abusivo, llegue a desarrollar problemas en su adultez.
La UASD no le duele a Febrillet ni a las cabezas de FELABEL ni FED ni FAPROUASD ni siquierda la mitad que le duele a los estudiantes que ven atrasada su profesionalidad. ¿Cuándo morirá ese monstruo de tres cabezas, ese animal inmenso que en su idiotez existencial sólo atina a hacerse daño a sí mismo desgarrándose y flagelándose ante la vista de quienes aspiraban a ver una casa de estudios digna de ser la primera de América?
No me interesa erguirme ahora como “abanderado” de Sandra Kurdas, ni busco solidarizarme con ella con una limonada. Lamento su caso profundamente, pero Sandra Kurdas no es la primera y tristemente no será la última. Lo único que quisiera es que su triste caso sirva de ejemplo y ayude a combatir los abusos que aún hoy son comunes en todos los estratos sociales.
Yo no conocí a Caamaño y apenas me llegan las ráfagas de su ejemplo y su lucha. ¡Cuánto lamento eso! Caamaño fue un héroe local, una persona llena de cojones, sin cola que le pisaran, que fue capaz de infectar con el virus del HIV moral a su generación. ¡Sin Caamaño seríamos mucho peores como sociedad!
La semana pasada Stephen Hawking, una de las mentes más maravillosas de nuestra generación, volvió a ser noticia cuando alguien rescató unas declaraciones suyas que, como siempre, ponen a cualquiera a pensar. “No sobreviviremos más de 1000 años más como especie, a menos que escapemos de nuestro frágil planeta”.
En general, la visita a esta zona del Parque Nacional Mirador del Norte fue una chulería. Sin duda alguna, esta es el área verde con más potencial en todo Santo Domingo. No tiene la rigurosidad científica del Jardín Botánico o el Acuario (lo que impide el libre tránsito). No tiene el árido calor del Parque Zoológico. Es mucho más grande que el Parque Mirador Sur o el Este y tiene atracciones que ninguno de ellos posee. A pesar de que es un lugar “lejano” para la mayoría, les aseguro que la distancia ni se siente.
No sé ustedes, pero tantas comparaciones y listas de matanzas creo que pueden ser un aliciente para que los desquiciados que viven entre nosotros se les ocurra “superarlos” y así pasar a la historia de alguna manera. Ya una cabeza suficientemente podrida como para premeditar un asesinato no está muy lejos de pensar “coño, pero si ya he decidido matar a fulano, ¿por qué no hacerlo más bacano y matar a 40 con él?”.
El iluso que vive en mí mantiene cierta fe de que hombres como Nino Bravo, que apenas con 28 años se hizo eterno y preñó de libertad la última generación con cojones que ha tenido el mundo, algún día puedan ser reconocidos.

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